
Me columpio en el éter,
bajo la ligera neblina.
Sin miedo a caer
sobre la alfombra cetrina.
Quiero escudriñar el ígneo secreto de las flores;
perfume amaderado en sus mágicos colores.
Mientras espero la centella sobre mi casto talle,
en el oro purpúreo que pinta la tarde.
Por el aire, entretenida,
oscilando el firmamento.
Me agasajo, divertida
en busca del Eterno.
La primavera besa
suavemente la arboleda,
mientras se escucha la canción:
tan galante y de sublime adoración.
Me columpio en el espacio,
sobre el sensor de los amantes.
Se ocultan, herejes, bajo el huerto;
sus alas se agitan palpitantes.
El balancín del firmamento,
con júbilo obedece.
Coge aire, toma aliento;
pero nadie le detiene.
Autor/a: Cristina Lorenzo
