¿Por qué nos olvidamos las cosas?

Los olvidos suelen ser normales en los ancianos por considerarse un proceso natural de envejecimiento. Que una persona mayor olvide el nombre de alguien que hace mucho tiempo que no ve, es normal, ya que al envejecer, las neuronas pierden parte de su capacidad y se deterioran. Otra cosa distinta, es si la persona no recuerda en absoluto la ruta que ha seguido a diario durante años para ir al trabajo, entonces ya estaríamos ante un posible caso de una demencia tipo Alzheimer.

Pero en esta ocasión, voy a centrarme exclusivamente en esos despistes cotidianos que tenemos en ocasiones, incluso a veces, a diario. ¿Cuántas veces salimos por la puerta de casa y nos damos la vuelta porque nos hemos dejado cualquier cosa atrás, ya sea apagar la luz, cerrar el gas, la cartera, las llaves del coche…? Acabamos de mirar el reloj, pero no recordamos la hora. Justo nos acaban de presentar a una persona, pero no recordamos su nombre… A veces hasta se nos olvida cambiarnos las zapatillas por el calzado de calle, olvidamos fechas señaladas o aniversarios, acudir a una reunión importante, o incluso, ¿cuántas veces estamos hablando con alguien y de repente decimos aquello de «no recuerdo lo que iba a decirte»?

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¿Por qué nos olvidamos de las cosas?

Casi todo el mundo tiene despistes. Es muy común, pues la vida cotidiana está llena de distracciones, pequeños olvidos y meteduras de pata involuntarias, pero… ¿puede ser síntoma de algo serio el padecer despistes con frecuencia?

Normalmente, estos despistes son producidos por un fallo en la llamada memoria prospectiva, que es la encargada de recordar los hechos o intenciones futuras de algo que debe ser realizado a posteriori. La memoria prospectiva es un elemento clave a la hora de coordinar y controlar todas esas acciones cotidianas, como son: coger las llaves, acudir a una determinada hora al trabajo, hacer la compra, preparar la comida, tomar un medicamento o acudir a una cita o reunión.

Este proceso mental expuesto anteriormente nos permite planificar el futuro y se identifica con el funcionamiento neurológico del córtex prefrontal. Una lesión en dicha zona del cerebro podría ser la causa de tales distracciones, pero no os alarméis, no suele ser el caso. Las distracciones suelen ser mensajes de estrés, de agotamiento mental o emocional. Cuando la mente se encuentra saturada por sobrecarga de trabajo, empieza a seleccionar lo que más le interesa y olvida otras cosas menos importantes en ese instante. Es como si el almacén de nuestra memoria tuviera una capacidad limitada donde guardamos solo lo que más nos conviene.

¿Qué quiere decir esto?

Quiere decir que olvidarse de las cosas, además de agravarse por el estrés o ansiedad, deberíamos de hacernos las siguientes preguntas: ¿qué quiero olvidar con este olvido?, ¿de qué no quiero hacerme cargo?, ¿qué quiero conseguir?, ¿con qué deseo está relacionado?… Precisamente el olvido tiene un propósito u objetivo y, a veces, nos beneficia. Por ejemplo, la dependencia emocional;  si siempre me olvido de las llaves de casa, tendré a mi marido o mujer pendiente de mí para que me esté esperando o, si me olvido de tomar mis medicamentos siempre tendré a esa persona a mi lado para que me lo recuerde y me cuide, etc.

Gracias a los trabajos de varios teóricos del psicoanálisis, de entre ellos Sigmund Freud, consiguieron encontrar el significado de los descuidos, olvidos y otros fallos de la memoria. Se sabe que aquellos no responden al azar y que suelen tener un sentido. Podría decirse que el sentido es el que nosotros le queramos dar en función de nuestra propia historia, es decir, todo olvido tiene un propósito o intención. A continuación os voy a exponer un par de ejemplos para que lo comprendáis mejor:

            –Ejemplo 1: Tenemos una cita con el médico,  pero intuimos que nos va a mandar operar y esto no nos gusta nada. Aunque conscientemente la intención es acudir a la cita, el deseo inconsciente es olvidarse de ella para no escuchar aquello para lo que no estamos preparados. De alguna manera, el olvido de esa cita programada puede ser que acabe desapareciendo de nuestra memoria.

            –Ejemplo 2: Estamos hablando con una persona y le estamos contando alguna historia sobre alguien o algo, pero no recordamos el nombre de ese alguien o algo en particular. No somos capaces de recordarlo y nos suele causar impotencia, pues estamos seguros de que lo sabemos, pero nuestra memoria nos está traicionando. Suele ocurrir que inmediatamente buscamos el recuerdo de otro nombre parecido. En esta ocasión, el hecho de olvidar el nombre original es un deseo de olvidar otro recuerdo, muy distinto al nombre olvidado, pero que se halla en conexión asociativa a dicho nombre y el cual en su día me pudo significar repugnancia, desagrado o trauma. Detrás de tal olvido existiría un motivo de represión.

            Por lo tanto, no os alarméis cuando suceden estos despistes pensando en que podéis estar perdiendo la cabeza u os estáis haciendo mayores, pues el olvido de las cosas cotidianas más allá de una patología, viene siendo un fenómeno normal relacionado con la vida del sujeto cuyo fin tiene un objetivo para quien le ocurre.

La importancia de vivir aquí y ahora

Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida buscando objetivos para ser felices. Seré feliz cuando me case, cuando tenga hijos, cuando consiga el trabajo deseado, esa casa de mis sueños, ese coche, cuando me recupere de esta enfermedad, cuando tenga dinero…

No paramos de buscar pretextos y excusas, pues cuando alcanzamos realmente eso que deseamos, finalmente seguimos sin ser felices. Buscamos un nuevo objetivo, y así, una y otra vez.

Entonces, ¿por qué no intentas ser feliz con lo que ya tienes? Si en lugar de lamentarte por lo que te falta, agradecieras y disfrutaras de lo que ya tienes, te aseguro que el simple hecho de vivir se convertiría en todo un regalo y en un verdadero sueño.

«Solo hay dos formas de vivir la vida: una, es pensando que nada es un milagro y la otra, es creer que todo lo es» Albert Einstein.

La importancia de vivir aquí y ahora

El ayer ya pasó y el mañana aún no llegó, lo único que existe es el ahora. Vive tu día a día como si fuese el último, como si no hubiese un mañana. Disfruta cada mínimo detalle que te ocurre. El simple hecho de sonreír, de ver esa película o leer ese libro que tanto te gusta, de compartir momentos con las personas que quieres, caminar entre la naturaleza, escuchar esa música que te apasiona…Todas esas cosas ya son motivos para ser feliz.

¿Y cuando me ocurren cosas desagradables? Por ejemplo, se me estropea el coche, tengo un accidente, me echan del trabajo, discuto con mi pareja… La respuesta es la misma. Agradece tener lecciones y oportunidades que la vida te ofrece con el fin de aprender, de crecer y de profundizar en tu verdadera esencia.

Esos accidentes, roturas, despidos, personas hirientes, malas rachas… todo eso que se te presenta en forma de desgracia, no son más que aprendizajes. Aprende la lección que la vida te está enseñando, pues de lo contrario, las situaciones se te repetirán una y otra vez hasta que te veas al borde del precipicio y no te quede más remedio que escalar para no caer, pero tal vez sin arneses ni protección, por lo que lo único que te quedará será la fuerza de voluntad o la resignación.

Las casualidades no existen. Todo pasa por alguna razón, así que elimina los prejuicios, las malas suertes o como se suele decir «los malos karmas». Todo esta sincronizado y pensar en la separación te aparta de la verdad, de tu verdadera esencia.

«Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo» Aristóteles.

En el siguiente vídeo os dejo más información sobre la importancia de vivir el aquí y ahora y cómo podéis conseguirlo: