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Es un placer poder estrenar este blog para ofreceros un sorteo en homenaje al día del libro que está realizando la editorial Restart y del cual podéis obtener mi libro dedicado. Os dejo el enlace para que podáis conocer más datos sobre el mismo.

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La ley del espejo

La ley del espejo nos plantea que el origen de nuestros sentimientos negativos hacia una persona, está en nuestro interior y no en la otra persona. Es por ello que somos nosotros los únicos responsables de manejar nuestras creencias, ideas y malos pensamientos hacia los demás.

Cuando nos enfadamos con la otra persona, realmente con quien nos enfadamos es con nosotros mismos. Todo comienza y todo termina en el sí mismo, pues es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

El autor Yoshinori Noguchi recrea en su libro esta ley, una historia emocionante que nos proporciona la posibilidad de asumir e integrar esta idea en la vida cotidiana. Nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida.  

 «Lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma»Carl Gustav Jung.

Y es que, en realidad lo que nos molesta de los demás, es lo que nos negamos a nosotros. ¿Por qué nos incomodan ciertos comentarios de amigos o familiares? ¿Por qué no somos capaces de razonar cuando tenemos a nuestra pareja delante? ¿Por qué no podemos soportar que no nos apoyen cuando lo deseamos?

Hacernos estas preguntas y analizarlas es bueno para conocernos a nosotros mismos. Elaborar una lista con todas las cosas que nos molestan de las personas que nos rodean. Probablemente nos demos cuenta de que hay valores que nosotros también estemos menospreciando; es decir, probablemente nos demos cuenta de que hay cosas que nosotros también hacemos mal.

Ley del espejo

Mirarse al espejo y reconocerse. Cuando realmente reconozcamos y aceptemos tanto nuestras virtudes como defectos, podremos hacerlo con los demás. Sabremos que nos hemos liberado cuando lo que tanto nos incomodaba del otro deje de molestarnos y la experiencia que nos generaba deja de repetirse.

Conocer la ley del espejo nos ayuda a ser precavidos y a procurar no alimentar el rencor y los malos sentimientos de ahora en adelante. No debemos olvidar que proyectamos lo que llevamos dentro, por lo que cada cosa que veamos en los otros, probablemente dirá más de nosotros mismos que de los demás.

La ley de la atracción, la magia de atraer lo que necesitamos, una energía emitida atraerá otra energía idéntica a la proyectada debido a que lo que generamos tiene efecto magnético.

¿Qué es el amor?

Últimamente me he encontrado con personas que han sufrido rupturas, desamores, divorcios… Me piden consejo para salir de ese estado de depresión y necesitan herramientas para salir adelante.

De entre todas ellas hay factores en común que me gustaría compartir con todos vosotros, pues creo que el principal problema es que tenemos una definición incorrecta de lo que el amor.

¿Qué es el amor?

Todos soñamos con ese amor romántico y pasional que aparece en las películas, ese tan maravilloso que nos hace sobrepasar lo límites, pero cuando nos enfrentamos a la realidad, nuestras expectativas se desmoronan. Nos desilusionamos, nos intentamos levantar de nuevo y probamos una y otra vez a encontrar esa persona adecuada que nos complete para alcanzar esa felicidad.

¿Pero por qué no encontramos el amor? No se encuentra porque se tiende a buscarlo desde la necesidad de estar con otra persona por no ser capaz de afrontar la soledad, abandono, rechazo…

Cada uno tiene diferentes heridas adquiridas desde la infancia que hacen que condicionen las relaciones interpersonales durante toda su vida. Pero…. ¿y si el secreto está en no buscar el amor? Descúbrelo en el siguiente vídeo donde explico principalmente qué es el amor, porqué no lo encontramos y porqué cuando lo hacemos, acaba en fracaso.

Presentación ¡Mírame! No soy invisible


Hoy os quiero compartir la presentación de mi novela ¡Mírame! No soy invisible. Al final del video respondo algunas preguntas de los lectores.

¡Mírame! No soy invisible


Sinopsis: Julia es la heredera de una gran fortuna, sin embargo, después de haber perdido a toda su familia, su vida se convierte en una pesadilla. Se siente totalmente invisible y pierde el sentido de vivir sumergiéndose en un pozo sin fondo.

Afortunadamente, el destino quiere que se cruce en su camino un señor muy sabio que le hace despertar y comprender mejor el mundo en el que habita y el verdadero significado de la vida.

A partir de entonces, Julia toma las riendas de su propia vida y realiza en ella grandes cambios, los cuales hacen que su historia dé un giro de ciento ochenta grados. Ya nada nada volverá a ser antes.

El baile como recurso de liberación emocional

Las personas han ejercido el baile desde el inicio de los tiempos. Invocaban la lluvia, los dioses, lo utilizaban como ritual de nacimientos, bodas, defunciones, ceremonias de fecundidad, caza, guerra, etc. Hoy os voy a hablar de cómo bailar puede ayudarnos como un recurso para la liberación emocional. Y es que, el movernos cuando escuchamos música es un deseo primitivo, pues incluso los bebés pueden manifestar y seguir el ritmo mucho antes que caminar o hablar. No olvidemos que un bebé es acompasado por el ritmo del corazón de su madre durante toda su gestación.

Cuando escuchamos música, en el cerebro se activan circuitos neuronales motores y sensoriales. Al bailar, las distintas áreas cerebrales, sobre todo el sistema nervioso central aprende a interactuar y coordinar el movimiento. A nivel químico, cuando se baila se produce endorfinas, las cuales funcionan como analgésicos reduciendo el dolor del cuerpo y dopamina, la cual incrementa el buen humor y la sensación de felicidad. No digamos si el acto de bailar se realiza en grupo, entonces se produce oxitocina que es la hormona que propicia la confianza y el vínculo con otras personas. A mí me gusta emplear la palabra «empatía».

Bailar no solo es bueno a nivel físico, si no a nivel neuronal, pues requiere una coordinación mental compleja como es la percepción auditiva, visual, equilibrio, memoria, coordinación motriz, sincronización, comunicación… Por tanto, dicha actividad ayuda a crear nuevas conexiones entre las neuronas y mejora la capacidad de concentración, planeación y memoria.

Pero, ¿de qué manera el movimiento libera emociones reprimidas?

Cuando guardamos emociones, bien sea por no saber gestionarlas, por no ser bien aceptadas socialmente o cualquier otra situación, como suele ser el enojo, ira, ansiedad o angustia; a través del movimiento dichas emociones se despiertan y se liberan de una manera saludable. Además bailar como cualquier otro deporte, te permite distraer la mente de preocupaciones y pensamientos, reduce el estrés y aumenta la alegría y autoestima, ayuda a canalizar la adrenalina, te fortalece físicamente mejorando la capacidad cardiopulmonar, músculos y esqueleto. También es una forma de diversión, te permite tener el control completo de tu mente, despierta emociones y fantasías que ayudan a expresar tu creatividad y te ayuda a arraigarte, es decir, estar en contacto con la realidad. Estar presente aquí y ahora.

El baile como recurso de liberación emocional

Por todo lo expuesto, no veo ningún efecto negativo o contradictorio para bailar, si no todo lo contrario. Bueno siempre que no se hagan locuras físicas sin previo calentamiento y nos lleve a una lesión, claro está. Os voy a contar mi experiencia particular. Hace unos años me dediqué a bailar profesionalmente. Entre clases y ensayos empleaba ocho horas diarias, toda una jornada laboral. Acababa muy fatigada, por supuesto, mas una profesión no tiene nada que ver con un hobby. Eso es algo totalmente distinto, sin embargo, bien es cierto que cuando te apasiona tu trabajo no se considera trabajo. Antes, debido a mi timidez, me costaba mucho expresar mis emociones y, bailar me ayudaba mucho a expresarme. Recuerdo que subía al escenario y no solo dejaba allí dos o tres kilos menos cada actuación, si no también dejaba mi rabia, lloraba si hacía falta, descargaba la ansiedad, miedos y por supuesto, manifestaba alegría. Allí dejaba todas las emociones reprimidas y cuando bajaba del escenario era otra persona totalmente renovada. Estaba más tranquila, generosa, optimista…Tenía otra visión de las cosas.

Bailar es todo un arte y además, una terapia. Es capaz de hacerte más saludable, liberarte emocionalmente, cautivarte y seducirte con sus movimientos, dar rienda suelta a tu creatividad, divertirte hasta el extremo, arrastrarte hasta la locura y transportarte a la felicidad, y entonces…, ¿por qué no bailamos?

El último suspiro del verano

Se acaba el mes de agosto, para muchos significa el final del verano ya que culminan sus vacaciones y vuelven a la rutina, pues se incorporan de nuevo al trabajo o comienza la vuelta al cole.

Sin embargo, el verano oficialmente no acaba hasta el 22 de septiembre, así que no hay que desanimarse. Aún se puede disfrutar de esos paseos al aire libre, nutrirse de las riquezas naturales, renovarse con la energía del sol y permanecer activos más horas por el solsticio de verano.

Es por esto, que quiero informaros que antes de que acabe el verano podéis adquirir mi novela con un 10% de descuento y gastos de envío gratis.

Promoción de verano

¿Qué mejor manera que terminar los últimos días de verano en la tumbona de una piscina, toalla de una playa o silla de una terraza leyendo un libro al aire libre?


Podéis escribirme por privado o rellenar el formulario de contacto de mi página web indicando nombre, dirección de envío y si lo queréis dedicado.


¡Os deseo un feliz final de verano y buen fin de semana!

¿Cómo podemos gestionar el miedo?

Todos conocemos muy bien la sensación de tener miedo, pero… ¿qué es exactamente el miedo? Por definición, el miedo es la sensación de angustia que nos provoca la presencia de un peligro real o imaginario (este último suele ser en la mayoría de los casos). De hecho, es una de las emociones primarias de los seres humanos, junto con la alegría, la tristeza, el asco y la cólera. Se trata de una respuesta biológica cuya función es la supervivencia humana.

Para poner un ejemplo: Imagina que estás sentado en la terraza de tu casa, más o menos tranquilo, leyendo un libro… cuando de repente levantas la vista y aparece junto a tus pies una enorme serpiente … ¿puedes imaginarte la situación? Es posible que uno de los primeros pensamientos que se te haya pasado por la cabeza es: «Tengo que escapar de aquí», pero a nivel de emoción entiendo que predomine el miedo o similares, como el pánico, terror, pavor, nerviosismo, inquietud… Sin embargo, a nivel fisiológico, todos los humanos reaccionamos igual. Nuestro cuerpo está programado para reaccionar de una forma determinada al miedo, se activa una reacción en cadena que empieza por un aumento del ritmo respiratorio, mayor latidos del corazón, sudoración, aumento de la tensión muscular…

El cuerpo se prepara para la huída o ataque para protegernos del peligro y ser prudentes. Por lo tanto, el miedo tiene su parte positiva. Sin embargo, el miedo tiende a ser dañino cuando este es irracional o tóxico y nos limita a la hora de desenvolvernos minimizando considerablemente nuestro potencial.

¿Cómo podemos gestionar el miedo?

Una manera de gestionar el miedo es utilizarlo como maestro, es decir, cuando tengas miedo, pregúntate:

            -¿Qué me impide conseguir lo que deseo?

            -¿Es un miedo real o irracional?

            -¿Cómo cambiaria mi vida si lo afrontara?

            -¿Realmente me estoy boicoteando al éxito por miedo?

«No es valiente quien no tiene miedo sino quien sabe conquistarlo» Nelson Mandela.

Y es que, realmente solo existe una manera de vencer el miedo: enfrentándote a él. Por lo tanto, da siempre la bienvenida al miedo. Haz lo que temes viéndolo como una oportunidad de crecimiento para salir de tu zona de confort y expandir tus oportunidades. ¿Te imaginas cómo te sentirás cuando te hayas conquistado a ti mismo y seas capaz de hacer todo lo que te da miedo? Como todo en la vida, se trata de una cuestión de práctica. Practica el afrontar tus miedos para alcanzar la verdadera libertad. En el siguiente vídeo explico cinco claves para poder gestionar el miedo y superarlo. No os lo podéis perder.

¡Muchas gracias y que tengáis un buen fin de semana!

Nunca dejes las cosas a medias

¿Demasiado trabajo? La productividad siempre se basa en una buena combinación de planificación, disciplina y dedicación.

A veces tenemos demasiadas cosas que hacer, deseamos abarcar tanto que llega un punto que tiramos la toalla desistiendo y dejando de cumplir nuestras metas. Dejar las cosas sin terminar va más allá de un simple descuido o de una ligereza sin importancia. Desde el punto de vista de la psicología, esto constituye un síntoma que no se debe pasar por alto. Sobre todo, en los casos en los que no se trata de algo ocasional, sino sistemático.

Cuando dejamos nuestros proyectos a medias se va acumulando angustia. Perdemos la motivación, especialmente la intrínseca que es la que más satisfacción produce. Cada tarea sin finalizar es un ciclo que queda abierto, tanto es así, que sigue gravitando sobre tu vida, aunque no te des cuenta de ello. Lo que viene siendo la sensación de sentir el peso emocional del desorden de manera inconsciente.

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Nunca dejes las cosas a medias


Las razones para dejar las cosas sin terminar pueden ser varias. A veces influyen circunstancias externas, pero en la mayoría de los casos tiene que ver con nosotros mismos. No concluimos porque hay algo que se interpone, alguna realidad que estamos eludiendo.


Tales razones para dejar las cosas sin terminar pueden ser:

Baja autoestima. Cuando no hay suficiente amor propio, se piensa que lo que se hace tiene poco valor.

El sentimiento de fracaso. Se da por hecho que ya está todo perdido y que las tareas no merecen ningún esfuerzo.

La falta de merecimiento o sentimiento de inutilidad. Existe un temor el resultado evitando enfrentarse a las propias limitaciones ya sean reales o imaginarias.

Sobrecarga. Este hecho se da cuando el número de compromisos es mayor al tiempo, por lo que se dejan las cosas a medias.

Distracción. Hay veces que otros aspectos o actividades absorben en gran medida la atención, el interés o la energía mental.

Las consecuencias de dejar las cosas sin terminar nos puede generar una sensación de estancamiento, aparición de estrés, afectar nuestra productividad, dispersar la atención sobre otras áreas o impedir la iniciación en nuevos proyectos.

Os voy a dejar algunas recomendaciones para organizar bien el trabajo, sobre todo cuando es excesivo.

-Compra una agenda donde anotar las actividades por horarios. Anota el tiempo que vas a dedicar a cada actividad y cúmplelo. Nos distraemos fácilmente con otras tareas, llamadas o emails, entre otros, pero es importante cumplir la agenda y dedicar el tiempo programado, sino no acabaremos nunca ninguna actividad.


Prioriza las tareas más importantes. Define las 2 o 3 tareas más prioritarias de cada día e intenta cumplirlas. Incluso, para una mejor organización, podrías realizar tu planificación de manera semanal o mensual, eligiendo un día en el que realizar esa planificación.

-Crea un listado de tareas pendientes y termina la jornada con una revisión. Utiliza unos minutos para pensar las tareas cumplidas durante el día y organiza la agenda para el día siguiente, así podrás concentrarte directamente en tus objetivos cuando empieces la siguiente jornada.

No pospongas tareas. Es muy fácil posponer aquellas tareas más tediosas o aburridas, pero no es recomendable, pues al final las tareas se acumularán y estarás más estresado por no haberlas realizado a tiempo.            

En el siguiente vídeo os muestro un ejemplo muy divertido sobre cómo planificarse en los estudios.

¿Por qué nos olvidamos las cosas?

Los olvidos suelen ser normales en los ancianos por considerarse un proceso natural de envejecimiento. Que una persona mayor olvide el nombre de alguien que hace mucho tiempo que no ve, es normal, ya que al envejecer, las neuronas pierden parte de su capacidad y se deterioran. Otra cosa distinta, es si la persona no recuerda en absoluto la ruta que ha seguido a diario durante años para ir al trabajo, entonces ya estaríamos ante un posible caso de una demencia tipo Alzheimer.

Pero en esta ocasión, voy a centrarme exclusivamente en esos despistes cotidianos que tenemos en ocasiones, incluso a veces, a diario. ¿Cuántas veces salimos por la puerta de casa y nos damos la vuelta porque nos hemos dejado cualquier cosa atrás, ya sea apagar la luz, cerrar el gas, la cartera, las llaves del coche…? Acabamos de mirar el reloj, pero no recordamos la hora. Justo nos acaban de presentar a una persona, pero no recordamos su nombre… A veces hasta se nos olvida cambiarnos las zapatillas por el calzado de calle, olvidamos fechas señaladas o aniversarios, acudir a una reunión importante, o incluso, ¿cuántas veces estamos hablando con alguien y de repente decimos aquello de «no recuerdo lo que iba a decirte»?

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¿Por qué nos olvidamos de las cosas?

Casi todo el mundo tiene despistes. Es muy común, pues la vida cotidiana está llena de distracciones, pequeños olvidos y meteduras de pata involuntarias, pero… ¿puede ser síntoma de algo serio el padecer despistes con frecuencia?

Normalmente, estos despistes son producidos por un fallo en la llamada memoria prospectiva, que es la encargada de recordar los hechos o intenciones futuras de algo que debe ser realizado a posteriori. La memoria prospectiva es un elemento clave a la hora de coordinar y controlar todas esas acciones cotidianas, como son: coger las llaves, acudir a una determinada hora al trabajo, hacer la compra, preparar la comida, tomar un medicamento o acudir a una cita o reunión.

Este proceso mental expuesto anteriormente nos permite planificar el futuro y se identifica con el funcionamiento neurológico del córtex prefrontal. Una lesión en dicha zona del cerebro podría ser la causa de tales distracciones, pero no os alarméis, no suele ser el caso. Las distracciones suelen ser mensajes de estrés, de agotamiento mental o emocional. Cuando la mente se encuentra saturada por sobrecarga de trabajo, empieza a seleccionar lo que más le interesa y olvida otras cosas menos importantes en ese instante. Es como si el almacén de nuestra memoria tuviera una capacidad limitada donde guardamos solo lo que más nos conviene.

¿Qué quiere decir esto?

Quiere decir que olvidarse de las cosas, además de agravarse por el estrés o ansiedad, deberíamos de hacernos las siguientes preguntas: ¿qué quiero olvidar con este olvido?, ¿de qué no quiero hacerme cargo?, ¿qué quiero conseguir?, ¿con qué deseo está relacionado?… Precisamente el olvido tiene un propósito u objetivo y, a veces, nos beneficia. Por ejemplo, la dependencia emocional;  si siempre me olvido de las llaves de casa, tendré a mi marido o mujer pendiente de mí para que me esté esperando o, si me olvido de tomar mis medicamentos siempre tendré a esa persona a mi lado para que me lo recuerde y me cuide, etc.

Gracias a los trabajos de varios teóricos del psicoanálisis, de entre ellos Sigmund Freud, consiguieron encontrar el significado de los descuidos, olvidos y otros fallos de la memoria. Se sabe que aquellos no responden al azar y que suelen tener un sentido. Podría decirse que el sentido es el que nosotros le queramos dar en función de nuestra propia historia, es decir, todo olvido tiene un propósito o intención. A continuación os voy a exponer un par de ejemplos para que lo comprendáis mejor:

            –Ejemplo 1: Tenemos una cita con el médico,  pero intuimos que nos va a mandar operar y esto no nos gusta nada. Aunque conscientemente la intención es acudir a la cita, el deseo inconsciente es olvidarse de ella para no escuchar aquello para lo que no estamos preparados. De alguna manera, el olvido de esa cita programada puede ser que acabe desapareciendo de nuestra memoria.

            –Ejemplo 2: Estamos hablando con una persona y le estamos contando alguna historia sobre alguien o algo, pero no recordamos el nombre de ese alguien o algo en particular. No somos capaces de recordarlo y nos suele causar impotencia, pues estamos seguros de que lo sabemos, pero nuestra memoria nos está traicionando. Suele ocurrir que inmediatamente buscamos el recuerdo de otro nombre parecido. En esta ocasión, el hecho de olvidar el nombre original es un deseo de olvidar otro recuerdo, muy distinto al nombre olvidado, pero que se halla en conexión asociativa a dicho nombre y el cual en su día me pudo significar repugnancia, desagrado o trauma. Detrás de tal olvido existiría un motivo de represión.

            Por lo tanto, no os alarméis cuando suceden estos despistes pensando en que podéis estar perdiendo la cabeza u os estáis haciendo mayores, pues el olvido de las cosas cotidianas más allá de una patología, viene siendo un fenómeno normal relacionado con la vida del sujeto cuyo fin tiene un objetivo para quien le ocurre.

La importancia de vivir aquí y ahora

Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida buscando objetivos para ser felices. Seré feliz cuando me case, cuando tenga hijos, cuando consiga el trabajo deseado, esa casa de mis sueños, ese coche, cuando me recupere de esta enfermedad, cuando tenga dinero…

No paramos de buscar pretextos y excusas, pues cuando alcanzamos realmente eso que deseamos, finalmente seguimos sin ser felices. Buscamos un nuevo objetivo, y así, una y otra vez.

Entonces, ¿por qué no intentas ser feliz con lo que ya tienes? Si en lugar de lamentarte por lo que te falta, agradecieras y disfrutaras de lo que ya tienes, te aseguro que el simple hecho de vivir se convertiría en todo un regalo y en un verdadero sueño.

«Solo hay dos formas de vivir la vida: una, es pensando que nada es un milagro y la otra, es creer que todo lo es» Albert Einstein.

La importancia de vivir aquí y ahora

El ayer ya pasó y el mañana aún no llegó, lo único que existe es el ahora. Vive tu día a día como si fuese el último, como si no hubiese un mañana. Disfruta cada mínimo detalle que te ocurre. El simple hecho de sonreír, de ver esa película o leer ese libro que tanto te gusta, de compartir momentos con las personas que quieres, caminar entre la naturaleza, escuchar esa música que te apasiona…Todas esas cosas ya son motivos para ser feliz.

¿Y cuando me ocurren cosas desagradables? Por ejemplo, se me estropea el coche, tengo un accidente, me echan del trabajo, discuto con mi pareja… La respuesta es la misma. Agradece tener lecciones y oportunidades que la vida te ofrece con el fin de aprender, de crecer y de profundizar en tu verdadera esencia.

Esos accidentes, roturas, despidos, personas hirientes, malas rachas… todo eso que se te presenta en forma de desgracia, no son más que aprendizajes. Aprende la lección que la vida te está enseñando, pues de lo contrario, las situaciones se te repetirán una y otra vez hasta que te veas al borde del precipicio y no te quede más remedio que escalar para no caer, pero tal vez sin arneses ni protección, por lo que lo único que te quedará será la fuerza de voluntad o la resignación.

Las casualidades no existen. Todo pasa por alguna razón, así que elimina los prejuicios, las malas suertes o como se suele decir «los malos karmas». Todo esta sincronizado y pensar en la separación te aparta de la verdad, de tu verdadera esencia.

«Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo» Aristóteles.

En el siguiente vídeo os dejo más información sobre la importancia de vivir el aquí y ahora y cómo podéis conseguirlo:

Orden externo=orden interno

¿Qué significa esto del orden externo=orden interno?

Existe una ley universal que nos dice que «igual que es arriba, es abajo y cómo es adentro es afuera» por lo tanto, si observamos nuestra casa con detenimiento en relación al orden en nuestros espacios externos, podremos inferir cómo se encuentra nuestro interior. Si nuestra casa, armarios, cajones u oficina son un desorden, probablemente las relaciones familiares, laborales y las emociones también lo sean.

Tendemos a guardar y acumular objetos que no sabemos ni para qué lo hacemos. Muchas veces les atribuimos un valor sentimental o emocional que nos impide desprendernos de ellos, pero es fundamental hacerlo para poder dar espacio a las cosas nuevas.

Por ejemplo, tenemos guardado en el cajón aquella camisa que me regaló mi abuelo, que murió hace 8 años, la cual no nos ponemos porque ya no se lleva o no nos gusta, sin embargo, no conseguimos deshacernos de ella por el valor sentimental que supone. Tenemos que ser conscientes de que deshacernos de la camisa no cambiará o aumentará el amor que sentimos por nuestro abuelo, tampoco supondrá una deshonra a la familia. Y es que finalmente, almacenamos objetos por culpa, pena, apego, o en muchos casos, por si vuelve a salir de moda, por si voy a un evento en concreto, por si perdemos peso y nos vuelve a servir (en el caso de la ropa), etc.

Hay estudios que indican que invertimos un promedio de cinco horas semanales en ordenar nuestra casa, es decir doscientas cuarenta horas del año se dedican solamente a esta labor. Calculando que un día laboral dura ocho horas, estaríamos hablando de que un mes completo se emplearía para este fin. El orden es un hábito que se cultiva, de manera que si imponemos orden en el mundo físico que nos rodea, también estaremos estableciendo orden en nuestro mundo interior.

orden externo=orden interno

Como recomendación personal, os recomiendo vaciar armarios, cajones y estanterías y deshacerse de todos aquellos libros, documentos que ya no sirven, alimentos que puedan almacenarse caducados en las estanterías o nevera, fotos del pasado que nos traen malos recuerdos, figuras u objetos que nos regalaron, los cuales guardamos por compromiso, pero que no los colocaríamos en ningún lugar de nuestro hogar y que no nos transmiten nada… En el caso de la ropa, saca absolutamente todo de los armarios y cajones (ropa sucia y limpia), amontona toda en el suelo e identifica cada una de ellas, pregúntate desde hace cuando no la usas, para qué la guardas. No valen excusas de la guardo «por si acaso». Tírala agradeciendo el servicio obtenido o dónala en caso de estar en buen estado.

Seguramente, la mayoría, conocéis el método oriental denominado Feng Shui que consiste en decorar la casa con la intención de alejar la energía negativa y transformarla en positiva. Hoy os voy a hablar de una técnica japonesa conocida con el nombre de Dan-sha-ri:

  • dan = rechazar las cosas innecesarias
  • sha = deshacerse de las cosas inútiles que uno posee
  • ri = detectar el deseo insano por las cosas innecesarias

El Danshari se podría definir como el arte de tirar. Al hacerlo podemos tomar las riendas de nuestra propia vida y tomar nuestras propias decisiones dentro de nuestro espacio. Además, nos insta a vivir en el aquí y el ahora, es decir, en el presente. Este método no solo es un método de orden, sino que es un estilo de vida minimalista, que se rige por las siguientes claves:

1.Nunca llenes algo del todo. Ni tu armario, ni tu nevera, ni tu casa, ni mucho menos tu cabeza deberían abarcarlo todo. Intenta ocupar máximo el 80% de la capacidad total del espacio.

2.Quédate solo con lo que te haga feliz. Selecciona aquellas cosas que realmente te aportan y limítate a ellas, reemplazándolas si aparece una nueva que se merezca ese lugar.

3.La regla de los dos movimientos. El acto de guardar y sacar las cosas debería tener como máximo dos movimientos: abrir la puerta del armario o cajón y cogerlas. Nada de perder tiempo en buscar cosas perdidas en el fondo de aquellos.

4.Un orden que produzca autonomía y libertad. Guardar los objetos de forma vertical, igual que en los supermercados. Esa técnica ayuda a seleccionar con mayor libertad lo que necesitamos y a acceder más fácilmente.

5.Ponte en modo «marcha automática». Esta regla se basa en la capacidad natural del cuerpo para autorregularse y responder ante los estímulos.

Con el danshari se recupera el orden de las cosas, de manera que repercute directamente en nuestra relación con ellas y nuestra actitud para afrontar los problemas. Además, una casa ordenada se limpia mucho más rápido y permite tiempo para otras cosas como son pasar tiempo con la familia, divertirse, bailar, hacer ejercicio, estudiar, leer, cuidado personal, ir de compras o salir a pasear…

Al aplicar el orden en los espacios físicos, nos obliga a detenernos para acomodar de manera consciente e inconscientemente nuestro interior. Cuando me desprendo de un objeto me separo también del apego, del recuerdo, del pasado… Aprendo que pasado y futuro son dos tiempos irreales que condicionan el orden. El miedo a necesitar las cosas en el futuro o la añoranza del sentimiento que despierta un objeto que formó parte de nuestro pasado, nos frena y no nos permite que avancemos.

Por lo tanto, ordenar nuestra casa no solo hace más sutil el espacio físico, si no que también nos ordena el espacio interior, soltando miedos, rabias, apegos, dolores… Nuestro Ser comienza a conectarse con su verdadera esencia, se vuelve más liviano y hace que el ascenso sea mucho más fácil.

La Gitanilla de Oriente

Por fin, después de un año de retraso por diversos motivos, tengo el gusto de anunciaros que ya está disponible mi siguiente novela titulada «La Gitanilla de Oriente». Ahora mismo se puede conseguir a través de la editorial Libros Indie S.L. o a través de mí. En unas semanas ya estará a vuestra disposición en las librerías y distintas plataformas como Amazon y Casa del Libro. Además de España, será distribuida en México y USA.

Esta novela sigue la línea de género que la anterior: «¡Mírame! No soy invisible», solo que esta es mucho más aventurera, retadora, llena de acción y muy variada en cuanto a escenarios. No os permitirá decaer ni un solo segundo porque cada capítulo está lleno de sorpresas.

El libro trata de una joven adolescente, Candela, apodada como «la gitanilla». Esta es obligada a casarse con una persona elegida por su familia para cumplir con la tradición gitana. Envuelta por el pánico de que descubran su aventura con el hijo del comerciante que visita el pueblo y, en aras de que suceda una desgracia, intenta quitarse la vida el día de la boda. Afortunadamente, una de las tías la descubre y le ayuda a fugarse para buscarse una vida mejor.

A partir de esa noche comienza a tener un sueño premonitorio que se le repite constantemente. Comienza a buscar señales para acercarse hasta lo que su sueño trata de decirle. Entonces, comienza la aventura de la gitanilla, la cual está llena de riesgos, acción, mucho miedo… Sufre grandes calamidades, llegando incluso, a creerse merecedora de su destino por haber traicionado a su clan. Finalmente, toca fondo y no le queda más remedio que utilizar la resiliencia. Eso hace que se encuentra a sí misma. Comienza a encontrar sentido a todo lo que le va sucediendo y deja de buscar más señales. Se deja llevar por la corriente, como un barco a la deriva, hasta que finalmente, sin quererlo, su ancla se fija en Oriente donde su sueño se materializa convirtiéndose en realidad

A continuación os muestro el diseño de la portada el cual elegí personalmente puesto que es una descripción perfecta de la protagonista:

La Gitanilla de Oriente

Por último, os informo que, por motivos de la pandemia no podré realizar la presentación física correspondiente, así que me encantaría que quien esté interesado en el libro se ponga en contacto conmigo para poder firmarlo y responder personalmente a todas las dudas. No será lo mismo sin poder establecer ese contacto cercano con los lectores, pero es lo más parecido que se puede dar en tales circunstancias.

¡Me alegro de comenzar el año con buenas noticias y estoy deseando leer ya vuestras reseñas!

El efecto Pigmalión


¿Qué es el efecto Pigmalión? Es un fenómeno utilizado en psicología y pedagogía que se refiere básicamente a la influencia que ejerce la creencia de una persona en otra. También es conocido como 《profecía autocumplida》.

Estoy segura de que en más de una ocasión has sentido que alguien en quien confías de sus capacidades iba a conseguir lograr algo o salir de alguna dificultad compleja y, finalmente, ha sido así. Este es el llamado efecto Pigmalión.

《Si crees que una persona puede lograr algo, lo logrará》

No somos conscientes del poder que se halla en nuestra mente. Constantemente enviamos información con pensamientos y energías que contribuyen a hacer realidad nuestras expectativas en los demás. Por lo tanto, esto también es aplicable a uno mismo, de ahí la importancia de mantener un estado beneficioso en todo momento.

《Cree en ti y todo es posible》

Su origen se remonta a la mitología griega con la historia del escultor Pigmalión. Este no encontraba ninguna mujer perfecta a su juicio y decidió esculpir a Galatea. Se enamoró de ella. Su amor fue tan grande, hasta tal punto, que Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso.

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El efecto Pigmalión

Este efecto se aplica en educación influyendo en la motivación de los alumnos. Es muy común que un profesor genere ciertas expectativas sobre cada alumno en relación a su comportamiento en el aula. Esto hace que el trato sea distinto, e incluso que dé mayores o menores oportunidades según la expectativa fijada en cada uno.

Dentro del ámbito laboral ocurre lo mismo. El jefe de una empresa tiene fijadas unas expectativas distintas en cada uno de los trabajadores. Esa imagen o expectativa será recibida por el trabajador, pues si recibe reconocimiento a menudo, su rendimiento y productividad aumentará. Por el contrario, si aquel es constantemente cuestionado o juzgado, se sentirá desmotivado y sin interés por sus labores.


Por lo tanto, es muy importante tener buenos pensamientos hacia uno mismo y hacia los demás, cambiar creencias tóxicas y ser positivos, especialmente en estos tiempos que estamos atravesando. Cambiar por ejemplo, nuestra forma de comunicarnos con los demás, en lugar de decir “estamos cada vez por los contagios de coronavirus” cambiarlo por frases como “saldremos de esta”, “pronto se acabará”, “ya esta solucionado”…

《Porque cada palabra, pensamiento y suspiro tuyo, aporta un beneficio global》

A continuación os dejo un vídeo explicativo sobre el Efecto Pigmalión:

Cuando la ansiedad se hace presente, la ilusión poco a poco va desapareciendo

La ansiedad es un estado mental profundamente limitante y cada vez más frecuente en estos tiempos de gran incertidumbre que estamos atravesando. Sabemos que tenemos ansiedad cuando de pronto sentimos que nuestro corazón late a una velocidad mayor de la habitual, cuando nos duele el estómago, sudamos, nos mareamos y todo a nuestro alrededor comienza a dar vueltas; es decir, se experimentan alteraciones en el rostro, tensión muscular, patrón respiratorio y lenguaje.

Con tales síntomas, resulta casi imposible conectar con las personas de nuestro entorno, hasta el punto de no poder empatizar con ellas o simplemente desear el aislamiento social. Aunque lo realmente preocupante resulta del hecho de que nuestra mente se encuentra tan saturada con pensamientos amenazantes o repetitivos que hace que perdamos el control de nosotros mismos.

Casi todos hemos experimentado alguna vez, aunque sea de forma puntual, esa sensación de falta de aire, de comerse las uñas constantemente o tocarse la cara una y otra vez, de abrir la nevera cada dos minutos para buscar algo con lo que suplir ese nerviosismo, no poder conciliar el sueño o concentrarse en las tareas. Cuando la ansiedad se hace presente, la ilusión poco a poco va desapareciendo, se pierde la motivación, el sentido de vivir, de disfrutar de las cosas cotidianas… En definitiva, se trata de dejar de ser uno mismo para convertirse en una entidad usurpada por la preocupación y el miedo.

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Conviene aclarar que existen dos modalidades de ansiedad. Una de ellas es adaptativa, cuya función se basa en una respuesta instintiva y razonable para protegernos de un peligro o situación a la que tenemos que hacer frente. El otro tipo de ansiedad es psicológica o patológica, es decir, que aparece sin que exista un riesgo o amenaza real. Por ejemplo, tengo mucho miedo por si me entran en casa a robar, y entonces genero un hábito que me hace estar pendiente de forma obsesiva cada dos por tres de cerrar todas las puertas y ventanas, de escuchar el mínimo ruido y llegar a entrar en pánico pensando que hay un ladrón en la casa. Por lo tanto, esto es un miedo creado en nuestra mente que no tiene por qué suceder, sin embargo, nuestro cerebro lo asocia como algo real.

Cualquier forma de ansiedad es importante gestionarla. Cuando no le prestamos atención e ignoramos sus síntomas, estos tienden a crecer e incluso a adulterar la personalidad. Es importante buscar ayuda a tiempo para que esto no suceda.

Cuando aparece la ansiedad, conviene realizarse algunas preguntas, como por ejemplo: ¿Desde cuándo tengo este síntoma?, ¿qué imágenes o pensamientos me vienen a la cabeza?, ¿tales miedos son reales o infundados?, ¿qué me digo internamente? El diálogo interior es muy importante para reducir los niveles de ansiedad, es a partir de entonces cuando se puede descubrir qué se esconde bajo aquella. También, otra forma efectiva es hablar en tercera persona, pues al evitar el «yo» hace que se vea desde otra expectativa, viendo el problema como un espectador y no envuelto en el mismo. Ambas técnicas son muy válidas para la reducción de la ansiedad.

Si la mente se entrena para cambiar el foco del miedo, gestionar las emociones y elegir cómo interpretar las cosas que van sucediendo cada día, se puede superar el estado de ansiedad. Esto requiere dedicación y compromiso.

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Primero de todo, es importante no juzgarse ni sentirse culpable por sentir ansiedad o por estar apáticos con el mundo que nos rodea, por encontrarse mal o no querer levantarse de la cama.

Segundo, expresar nuestros sentimientos y pensamientos, pues solo el hecho de guardarlos hace que se multipliquen, quedando retenidos en forma de ansiedad hasta que llegue un día que exploten de forma rebelde y entonces el problema pueda agravarse. El compartir y expresar los miedos y preocupaciones con alguien de confianza hace que disminuya su estado.

Por último y la más importante, es la capacidad de ser uno mismo, comportarse de forma asertiva y dejar la preocupación por el qué dirán, pues el desempeñar un papel que no nos corresponde por el simple hecho de agradar, ya sea a los padres, hijos, amigos, pareja, jefe…, hace que bajo esa máscara autoimpuesta tan solo se encuentre una temerosa entidad alimentada por la famosa ansiedad de no poder ser auténtico.

Un año de pandemia donde nos hemos visto obligados a hacer una pausa, reflexionar y enfrentarnos a nosotros mismos


Se cumple un año desde que todas las cadenas de televisión, radios, periódicos y redes sociales anunciaban la entrada en vigor de un confinamiento por la expansión del coronavirus, algo nuevo para todos que causaba terror. Terror por tener que enfrentarse a lo desconocido, por vivir en el estado de incertidumbre.

A pesar de las consecuencias devastadoras que la COVID-19 nos ha dejado en economía y salud mundial, donde nuestro mundo se convirtió de repente en una auténtica distopía; también nos ha dejado lecciones positivas. Ha sido un año de pandemia lleno de transformación, aprendizaje y resiliencia.

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La pandemia nos ha hecho renunciar a nuestra zona de confort y nos ha obligado a ejercer el mecanismo de la adaptación. Precisamente, por ese cambio de situación es que nuestra conciencia ha cambiado, sin embargo, no a todos les ha repercutido de la misma manera. Unos han experimentado un auténtico drama, dando lugar a un estado de victimismo continuo, y otros sin embargo han aprovechado para reinventarse, de manera que han encontrado alternativas nuevas de emprendimiento como son el teletrabajo, la formación online o las videoconferencias. Se han vuelto más creativos al descubrir en sí mismos nuevos talentos o dones ocultos, o simplemente han profundizado para conocerse más.

Por un lado, la pandemia nos ha enseñado a reflexionar individualmente, haciéndonos comprender que cada uno de nosotros puede aportar algo al mundo, en lugar de esperar a recibir del mundo lo que necesitamos; que cuando se trata de una crisis global no hay diferencias de clases, razas ni ideologías. Todos somos exactamente iguales. Por lo tanto, una de las enseñanzas más profundas ha sido la ineficacia de discriminación, y que la cooperación y ayuda al otro es un acto de amor y no de sacrificio. Pues incluso en los momentos más difíciles, ayudar a otros nos empuja a seguir adelante.

La unión es la solución y lo hemos podido comprobar, por ejemplo, a través del duro y constante trabajo de los sanitarios, servicios de limpieza, alimentación, los actos de bondad de todos los ciudadanos que cada día cooperaban en los balcones con sus gestos de apoyo y unidad, las ayudas a personas mayores mediante alimentos y medicinas en algunos países, etc.

Por otro lado, la pandemia nos ha obligado a entender el significado y calidad de las relaciones interpersonales. Hay personas que se han visto forzadas a convivir más tiempo con sus familias o parejas, dándose cuenta de que no estaban viviendo la vida que querían, y han optado por tomar otro rumbo; otras en cambio han fortalecido más sus vínculos, dando paso al matrimonio o aumentando la familia. El pasatiempo con las personas mayores ha sido una de las cuestiones más relevantes que se ha valorando. En definitiva, ha sido una oportunidad única para conocerse a uno mismo a través de los más cercanos, para comenzar a actuar de forma coherente y asertiva dando prioridad a lo que realmente desea nuestro corazón y no nuestra mente.

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Pero ¿por qué la pandemia no ha afectado a todos de la misma forma?, ¿por qué los psicólogos advierten de las grandes secuelas que ha dejado a la población? Precisamente porque hay personas que no saben disfrutar de su propia compañía al no estimarse demasiado y necesitan distraerse de la forma que sea para engañar o suplir sus carencias.

Al encontrarnos en una situación de confinamiento y no disponer de ocio o compañías que nos mantengan la mente distraída, nos hemos visto obligados a hacer una pausa, reflexionar y enfrentarnos a nosotros mismos, eso que hasta el momento, debido a la rutina diaria tan programada, no nos permitía el espacio suficiente para la autoindagación.

El vacío es una parte que a muchos nos deja descolocados y no sabemos cómo gestionarlo, por eso aparece esa confusión e impotencia, el sentirse perdido y descubrir que la vida que estábamos llevando hasta ahora no era la deseada. Por lo tanto, la importancia de tener una buena autoestima y entrenar la mente de forma positiva hace que dejen de existir ese vacío, miedo e inseguridad para afrontar los problemas, vencer obstáculos y estar capacitado para anteponerse a los imprevistos; de tal manera que, si tan solo dispusiéramos de barro, fuésemos capaces de transformarlo en una preciosa escultura.

Por todo ello es que la pandemia ha supuesto, entre otras cosas, a aprender a convivir en familia, solidarizarse con el prójimo y conocerse a sí mismo. Obligados a hacer un viaje interior donde hemos descubiertos tanto cosas buenas como malas, siendo estas últimas las más difíciles de afrontar y superar; pero sin duda, una situación que nos ha llevado a demostrar nuestro grado de flexibilidad, fortaleza y resiliencia.

Educación Emocional: no solo en el centro educativo, la clave empieza en el hogar


La educación de nuestros hijos es algo que realmente nos preocupa y nos genera confusión. Criar es fácil, pero educar a veces resulta un reto bastante difícil. Dentro de la educación entran en juego distintos ámbitos como son la cultura, alimentación, valores, hábitos saludables, de comportamiento, etc. Sin embargo, la educación emocional, sin duda, es una de las más complejas y suele pasarse por alto sin tener en cuenta que constituye la clave para el correcto desarrollo de los niños.

La ciencia ha demostrado que una buena educación emocional durante la niñez a parte de mejorar los resultados académicos y producir mayor capacidad para la resolución de conflictos y manejo de otras habilidades sociales, también adquiere la maestría para afrontar debidamente cualquier dificultad y problema llegada la edad adulta.

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Cuando somos pequeños, aprendemos imitando el comportamiento de los adultos, ya sea de forma positiva o negativa. Por ejemplo, si un adulto mantiene buenos o malos modales en la mesa, si en su diálogo emplea palabras como «gracias», «por favor»… o por el contrario emplea palabras no adecuadas delante de un menor…. Cada detalle es fundamental para el aprendizaje del pequeño, pues los miembros de la familia se convierten en un modelo a seguir donde los niños construyen sus primeros vínculos y sus primeras emociones, de ahí la importancia de expresarlas y manejarlas mediante tareas como el baile, deporte, pintura, cocina… Cualquier actividad que, junto a sus padres, les sirvan para educar las emociones.

Sin embargo, el tema de la educación emocional supone algo demasiado complejo. ¿Por qué ocurre esto? Precisamente porque la mayoría de veces los adultos no sabemos manejar nuestras propias emociones. Estamos acostumbrados a negar o tapar las que nos desagradan, pero enfadarse, tener miedo o sentir tristeza a veces es necesario. La clave está en saber tratarlas y darles el lugar que les corresponde. Por lo tanto, si un adulto no sabe manejar sus propias emociones, le será realmente difícil encargarse de las de sus hijos. Si los adultos negamos nuestras propias emociones, a nuestros hijos no podemos enseñarles algo que no sabemos. Les cargaremos nuestra propia mochila de emociones reprimidas, programando su mente con la creencia de que algunas son malas y no se pueden mostrar. Por lo tanto, es imprescindible que los padres aprendan a tomar el control y equilibrarse emocionalmente para poder favorecer a sus hijos en su desarrollo individual y colectivo.

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¿Qué suele ocurrir con los adultos que no saben o no quieren tomar el control de sus emociones? Que se evaden de su responsabilidad, y hacen que el profesorado del colegio sea quien lo haga. Esto es uno de los mayores errores que se puede cometer. Aunque sí que es cierto que la educación ha evolucionado con el paso del tiempo, y que la mayoría de los centros educativos están preparados para la educación emocional, su trabajo principal es la enseñanza académica. El correcto desarrollo de los niños empieza en el hogar.

No podemos olvidar que el mundo emocional está profundamente conectado al mundo intelectual. Tiene un fuerte vínculo dentro del sistema límbico del cerebro que hace fomentar la atención, aprendizaje, creatividad y motivación. El éxito depende fundamentalmente de su inteligencia emocional, pues un niño que en su casa es valorado, querido y se desarrolla en un ambiente seguro, sin duda, en el colegio aprenderá más rápido, memorizará más fácilmente y será capaz de potenciar al máximo su lado creativo. Por lo tanto, la educación emocional no solo es competencia de los centros educativos, la mayor responsabilidad recae en el hogar donde el niño se desarrolla.

Depresión o trastorno bipolar, sus síntomas empeoran con la llegada de la primavera

Existe una creencia popular que señala el invierno como una de las épocas más tristes del año, sin embargo se ha demostrado que el periodo donde se busca más ayuda de profesionales de la salud mental coincide con la primavera. Es durante esta estación que se registra el mayor número de suicidios.

Se hace difícil creer que el comienzo del buen tiempo provoque tal efecto, pues generalmente la mayoría de las personas se sienten más contentas, positivas e incluso con más energía de lo habitual al dejar atrás los días fríos, cortos, tristes, y oscuros del invierno. Sin embargo, no en todos tiene el mismo impacto positivo. Hay personas que padecen la llamada astenia primaveral.

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La astenia primaveral no se considera un trastorno como tal, pero sí afecta a la forma en la que afrontamos nuestro día a día. Podríamos definirlo como un cuadro de sintomatología relacionada con la fatiga permanente. Una sensación de cansancio durante todo el día que afecta tanto a nivel físico como psicológico, pues deriva a signos de tristeza, falta de motivación, dificultad para concentrarse, dolor de cabeza, trastornos del sueño, falta de apetito, ansiedad, irritabilidad…

Este déficit de energía tiene mucho que ver con el cambio de hora.  Es una de las épocas, coincidiendo con el otoño, en la que más rápidamente cambia la exposición a la luz, la temperatura y nuestra rutina. Dentro de nuestro organismo tienen lugar una serie de modificaciones que provocan la secreción de algunas hormonas como las endorfinas, cortisol o melatonina, siendo la función principal de esta última la de regular los ciclos del sueño y vigilia, de ahí que se provoque una alteración biológica donde nuestro organismo debe adaptarse al cambio.

Es conveniente aclarar que la astenia primaveral es eventual, con una duración aproximadamente de una a dos semanas en lo que el cuerpo se ajusta al nuevo horario. No debemos darle más importancia de la que tiene o crear enfermedades inexistentes. Si somos conscientes de que es algo pasajero será mucho más fácil de llevar.

Este trastorno afectivo estacional se presenta aproximadamente a seis de cada cien personas, siendo más común en adultos que en niños, y con mayor índice en mujeres que en hombres. Los investigadores añaden que, a parte del aumento de la intensidad y duración de la luz solar, la liberación de sustancias químicas por la reacción inflamatoria de las personas con alergia al polen, es otra de las principales causas. Quien es alérgico durante esta época o tiene a alguien en su entorno que lo sea, sabe que este padecimiento dificulta el hacer ciertas tareas que en otros meses del año no ocurre, esto genera un gran estrés.

Si bien, recordemos que esta fatiga es eventual y por lo tanto debemos mantenernos los más positivos posibles. No es algo que aparezca siempre en todas las personas, y tampoco la misma persona tiene por qué padecerlo todos los años. A pesar de ser algo pasajero es conveniente tomar una serie de medidas para hacerlo más llevadero y prevenirlo en el futuro, como son el cuidar nuestra dieta, hidratarse, realizar ejercicio físico, establecer horarios, descansar correctamente, disfrutar de ocio, desconectar, etc.

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Sin embargo, debemos observar si los síntomas persisten en el tiempo y duran más de lo mencionado anteriormente, pues si esto ocurriese podríamos estar hablando de otro tipo de patologías. Es estos casos, un profesional de la salud mental podría sacarnos de dudas al respecto y descartar otras causas más relevantes.

Desafortunadamente, para las personas diagnosticadas de depresión o trastorno bipolar suele ser una época peligrosa. Al agravarse sus síntomas, con la astenia primaveral colectiva, tienen más tendencia al suicidio. Por ello, es fundamental que pidan ayuda profesional, que mantengan su mente distraída en cosas positivas que les aporten bienestar, pero sobre todo, evitar la soledad durante esta estación. El acompañamiento de una persona con quien compartir sus actividades, es fundamental para mantener el equilibrio emocional y no llegar a cometer una locura totalmente irreversible.

Tecnologías: uso sano y controlado, no abuso

Las nuevas tecnologías son una innovación que nos ofrece un mundo infinito de posibilidades, pero ¿qué sucede cuando traspasamos el límite de su consumo? A veces su abuso y no establecer unos límites hacen que resulten perjudiciales.

Es cierto que solo basta con coger un ordenador, tablet o teléfono móvil y teclear unos segundos para ponerse en contacto con alguien al momento. Esto es un avance muy importante para las comunicaciones, ya que nos permite relacionarnos con personas de cualquier parte del mundo.

Resulta increíble que antes se pudiese vivir sin teléfono, o que se tuviera que esperar semanas o meses para recibir una carta de alguien lejano. Ahora con un solo clic tenemos la oportunidad de disfrutar con quienes están más distanciados.

Durante la pandemia, la vida a través de la pantalla, tanto para trabajar como para relacionarnos, ha sido algo forzado para la mayoría, incluso para las personas mayores. A pesar de que el contacto virtual no es comparable al real, no ha quedado más remedio que adaptarse a los cambios.

El avance tecnológico está resultado una herramienta muy positiva en los momentos tan difíciles de encierro que nos encontramos. Una historia real es la de un joven que asegura que gracias a las tecnologías se ha acercado más a su abuelo. Este, durante el confinamiento, hizo el esfuerzo de aprender a manejar la tablet para comunicarse con su nieto. Fortalecieron un vínculo que antes de la pandemia era endeble, pues después de abrirse el cierre perimetral, el joven visita cada día a su abuelo y su interés hacia él ha crecido.

Sin embargo, no para todos resulta positivo el hecho de estar disponibles todo el tiempo. Mandar un e-mail a un empleado para que conteste a la hora que sea no es sano, saber lo que está haciendo tu pareja o tus hijos a cada momento es tóxico, pretender que un amigo te responda al instante cuando necesitas algo puede traer conflicto. El mal uso de las tecnologías puede convertirse en un método de control insalubre.

No podemos pretender estar disponibles las 24 horas en el mundo digital, estar pendiente cada segundo del teléfono, correo o redes sociales y darle más prioridad que a otras cosas o a otras relaciones físicas. Merecemos tener vida fuera de la pantalla, desconectar y tomar tiempo para nosotros mismos y para los que nos rodean.

Es triste pero verídico el hecho de que poco a poco hemos ido sustituyendo el trato personal al virtual. Este no es comparable a un contacto cara a cara o un abrazo. Nos hemos ido adaptando cada vez más a las pantallas y, en ocasiones, nos olvidamos de la realidad. ¿Cuántas veces nos encontramos sentados en una cafetería con amigos o familiares mientras nos comunicamos a través del teléfono móvil por mensajería o redes sociales con otras personas que no se encuentran presentes, y nos olvidamos por tanto de atender a los que sí lo están?

Se trata de utilizar las tecnologías para nuestro beneficio, de una manera sana y controlada, siempre para el provecho personal y no al revés. Debemos ser libres para elegir cuándo y cómo utilizarlas y no convertirnos en unos esclavos de las pantallas, perdiéndonos lo que pasa a nuestro alrededor, descuidando el placer del momento presente. En definitiva, olvidándonos de vivir.

El insomnio: el control hace que la mente se mantenga agitada y en vigilia

Lo ideal sería dormir al menos 7 horas al día, sin embargo ¿a quién no le ha ocurrido alguna vez que se ha acostado y se ha pasado la noche dando vueltas en cama sin poder conciliar el sueño? El insomnio es el trastorno del sueño más común en la población adulta, no obstante se trata de un síntoma que por sí solo no desencadena un problema grave, más bien remite a otro que está más allá y que puede ser físico, mental o emocional.

Debemos tener en cuenta la severidad del insomnio, si se da ocasionalmente y la repercusión es baja en la calidad de vida de la persona que lo padece sería algo leve y pasajero que no tendría mayor trascendencia; pero si se prolonga en el tiempo y produce un incremento de irritabilidad, ansiedad y afecta en su rutina diaria estaría enfrentándose a algo más difícil que sería conveniente valorar.

Uno de los principales motivos que causan dificultad para conciliar el sueño durante la noche son los hábitos diurnos, especialmente los previos antes de acostarse. Es muy importante evitar algunos que se citan a continuación:

La ingesta de alimentos y bebidas tóxicas o estimulantes. Las cenas copiosas, café, té, tabaco, alcohol, azúcar o cualquier otro que sea difícil de asimilar para el organismo desacelera nuestra digestión y altera nuestro sistema nervioso.

El sedentarismo. Realizar alguna actividad física o deporte durante el día hace que el cuerpo consuma más energía y tenga mayor necesidad de descanso por la noche.

El estrés. Las pantallas del móvil, ordenadores, televisiones… causan estrés antes de dormir, sobre todo ver violencia o terror. También, discutir con algún familiar o amigo, pensar en los problemas laborales o cualquier otra situación de dificultad que estemos atravesando antes de cerrar los ojos, es motivo suficiente para tener un pésimo descanso y no pegar ojo. En estos casos es imprescindible relajarse mediante la lectura de un libro, la meditación o simplemente la realización de afirmaciones positivas antes de dormir.

Sin embargo, hay personas que sin seguir estos hábitos consiguen un descanso de calidad, y otras en cambio cumpliéndolos no lo consiguen. Si hacemos una evaluación profunda de estas últimas lo más probable es que vivan en un estado de inseguridad y exista un miedo profundo en sus vidas.

Biológicamente, la noche supone un momento de indefensión. Mantenerse despiertos puede ser una buena razón para estar alerta. Recordemos que el inconsciente no distingue lo real de lo simbólico. Seguramente haya algo en la vida de aquellos que no duermen que debe ser evaluado, reflexionado en profundidad y gestionado, y que el cuerpo les está pidiendo a gritos hacerlo, sin embargo por cobardía, victimismo, autoengaño, justificación… evitan tomar acción para no salir de su zona limitante. Hay un montón de razones relacionadas con el insomnio, pero viéndolo desde una perspectiva biológica y adaptativa es mucho más fácil llegar al origen emocional y su posible solución.

Aprender a lidiar con nuestros conflictos emocionales durante el día permitirá dormir por la noche con los deberes hechos. La tendencia a querer controlarlo todo, especialmente los problemas, sin entender para qué suceden o qué aprendizajes encierran, hace que la mente esté agitada y en continua vigiliaAceptar la situación tal y como es y soltar el control es una de las formas más adecuadas para comenzar a gestionarlos correctamente y tener un descanso de calidad.

Recordemos que la falta o mala calidad del sueño puede acabar provocando irascibilidad, falta de concentración, desorientación, pérdida de memoria, cefaleas, etc. Por ello es fundamental un descanso de calidad para mantener un buena salud física y mental, conservar la energía y permanecer despiertos durante todo el día haciendo que nuestro rendimiento sea productivo y estado de ánimo positivo.

Maternidad: es fundamental organizarse y adaptarse a los nuevos retos para no caer en el abismo

Hace pocos días ha tenido lugar la celebración del día de la madre. Sabemos que madre no hay más que una y que daría la vida por un hijo si hiciese falta. Ser madre es el acto de amor más profundo, sincero e incondicional, pero ¿realmente somos conscientes del papel tan importante que supone ejercer ese rol, y las transformaciones que se producen tanto a nivel interno como externo?

Con la llegada de un hijo, la vida da un giro radical. Se generan cambios en el cuerpo y se cruzan las emociones, de manera que afloran la ilusión y el estrés por igual, con la misma intensidad. Esto es normal debido a que supone la ruptura con la identidad que hasta ahora se había construido para dar paso a un nuevo papel, el de ser madre y transferir la completa dedicación a otra persona.

La maternidad no significa estar alegre y sonreír siempre, sino también triste y llorar en ocasiones. El bebé tiene dependencia las 24 horas lo que supone un desgaste físico y psicológico para la madre, que pasa días sin pausa y noches sin pegar ojo; sin espacio para ella misma ni para realizar planes y proyectos. Viene siendo como un tsunami que se lleva los hábitos y preferencias y deja un ambiente desenfrenado de pañales, chupetes, biberones, juguetes, etc. Esto puede afectar a su autoestima, ya que la situación obliga a reinventarse.

Al tener menor disponibilidad, las relaciones sociales se modifican, y si hay un hueco libre, se suele emplear para el descanso. El ocio deja de ser prioridad. En el mundo laboral, muchas mujeres se ven obligadas a renunciar o reducir su jornada por no poder conciliar el trabajo con la crianza, y las que no lo hacen se encuentran ahogadas en un océano de estrés. También, el cuidado personal se deja en segundo plano por falta de tiempo y los momentos a solas e íntimos con la pareja suelen ser escasos por no encontrar el momento preciso.

A pesar de todo el cambio que supone, hay algunas pautas para afrontar la maternidad con éxito y no caer en el abismo de la frustración y la ansiedad:

En primer lugar, es importante no caer en los dictámenes externos, presiones y prejuicios. No todos los niños vienen con el mismo manual de instrucciones y lo que para unos está bien para otros no. Es probable sentir frustración por no encajar con los estereotipos fijados en la sociedad. Lo ideal es construir una definición de maternidad propia y personal, cada madre conoce las preferencias de su hijo y podrá crear el vínculo más beneficioso para ambos. Es absurdo compararse con otras madres, pues cada una vive su experiencia y eso no implica ser mejor ni peor.

Segundo, la asertividad es imprescindible. No se debe permitir que las faltas de respeto camufladas entre consejos y opiniones externas influyan en las decisiones. Cuando se experimenta la maternidad, especialmente si es la primera vez, suele darse que el entorno se llena de personas expertas que saben lo mejor para el bebé, y se dan el derecho de criticar y corregir. Por ello, es vital no dejarse influenciar y, sobre todo, evitar la culpa, es una emoción muy común que una madre suele sentir a menudo. Cuando se comete una equivocación, se corrige y se vuelve a empezar. Cambiar la culpa por aprendizaje y crecimiento sería una buena solución.

Por último, delegar la responsabilidad. Mamá y papá son igualmente capaces y necesarios para el cuidado y crianza, no puede recaer todo el peso en una sola persona. Ser una buena madre no significa no poder separase del bebé. El tiempo para una misma es fundamental para subir la autoestima y no caer en depresión por tener que renunciar por completo a su verdadera identidad.

A pesar de toda la revolución que supone la maternidad, es muy bonita cuando se sabe gestionar, pues no olvidemos que un bebé es una bendición envuelta de luz y amor. La clave está en aprender a organizarse y adaptarse a los nuevos retos. Abordarla con éxito se traduce en dejarse llevar por el instinto interno para saber qué hacer en cada momento, y en no renunciar a una misma como persona única e independiente, pues más allá del rol de madre hay un ser capaz y completo que debe pronunciarse.

Inteligencia: solo hay una que lleva al éxito y es la adaptativa

Tener un título universitario no te hace más ni menos inteligente. La verdadera inteligencia es aquella capaz de adaptarse a los cambios, y es que lo más importante para ser una persona exitosa y triunfar en la vida es la capacidad para comprender, ajustarse e innovar. Esto último no puede ser enseñado, depende únicamente de la intuición y creatividad de uno mismo.

Actualmente existe la creencia de que si no estudias una carrera no eres nadie. Por supuesto, sobra decir que hacerlo es algo muy bueno y valioso para obtener conocimientos, sin embargo, es importante aclarar que para ser alguien de éxito no es imprescindible. Grandes empresarios que han dejado huella nunca han pisado una universidad, como es el caso de Amancio Ortega —fundador del grupo textil Inditex—; o han abandonado sus estudios, como Steve Jobs —cofundador de Apple— o Mark Zuckerberg —cofundador de Facebook—.

A lo largo del tiempo, el concepto de inteligencia y su forma de manifestarse ha variado mucho, incluso se han ido incorporando nuevos enfoques, dando paso a la teoría de las inteligencias múltiples ideada por Howard Gardner. Dicho psicólogo estadounidense identificó hasta ocho tipos de inteligencias diferentes: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Esto dificultó el establecimiento de una definición exacta, y es que, efectivamente, la inteligencia se puede expresar de varias maneras: mediante la creatividad, flexibilidad, capacidad para enfrentar los problemas y solucionarlos, saber empatizar con los demás, etc. A pesar de todas las variantes, solo hay una que lleva a la victoria y se llama inteligencia adaptativa.

Alguien con ese tipo de intelecto es capaz de adaptarse al cambio. Esto lo dijo en su día el físico Albert Einstein y más tarde lo verificó el físico teórico Stephen Hawking. La persona inteligente se maneja con destreza cuando se dan variaciones en el entorno, a pesar de resultar demasiado complicadas, las comprende y responde de manera innovadora y original para resolverlas de manera exitosa.

Actualmente, estamos atravesando una época de transición a nivel global, y es aquí donde se presenta el verdadero reto, el momento de poner toda nuestra habilidad de adecuación para transformarnos. La pandemia ha significado un hito en nuestras vidas, ha implicado la reformulación de muchas cosas que dábamos por sentadas, actitudes y hábitos que ya no se pueden usar como referencia. Por ello se ha activado una alteración mental a la hora de trabajar mediante el empleo de la creatividad y modernización.

Es cierto que hay que convivir con otro tipo de inteligencia, la artificial, pues el uso de las tecnologías se ha hecho imprescindible, pero las máquinas carecen de emociones, intuición y juicio humano, por lo que nunca podrán sustituir a las personas. Ya no tiene sentido actuar de manera lineal, creando expectativas futuras. C ya no es el resultado de A + B. Es necesario dejar los viejos patrones adquiridos hasta ahora porque la realidad ha dado paso a la incertidumbre, porque no existe ningún manual o estudio que enseñe a gestionarla. Ha llegado la hora de demostrar la inteligencia adaptativa de cada uno de nosotros para el nuevo futuro.

¿Por qué los adolescentes se comportan de forma rebelde?

La adolescencia es una fase importante en el crecimiento individual, el periodo de transición entre la niñez y la edad adulta donde se termina de definir la verdadera identidad. Es en esta etapa donde los adolescentes encuentran cierta resonancia entre sus relaciones sociales y su contexto familiar, atribuyendo su malestar a este último por no ser capaces de gestionar sus emociones y relacionarse de una manera inteligente.

En ocasiones, los padres no quieren admitir que sus hijos dejan de ser niños, pero tampoco son adultos y no pueden ser tratados como tales, por eso la adolescencia resulta tan complicada de gestionar. En este sentido es donde reside la dificultad y el papel fundamental de la familia. Si esta es demasiado impositiva, es probable que el adolescente adopte un comportamiento rebelde.

Los adolescentes rebeldes suelen vivir en un ambiente familiar caracterizado por límites que absorben la capacidad de ser uno mismo. Hoy día se tiende a educar a los niños de manera que lo tengan todo de manera fácil, pensando que de esa forma son los mejores padres. Se crían en una burbuja de protección, haciéndoles creer que todo es maravilloso, sin permitir que experimenten y se equivoquen. Entonces llega la adolescencia y el proceso de independencia se ve frustrado por no haber aprendido nunca lo que son los fracasos. Se enfrentan al mundo exterior y comienzan sus primeras relaciones amistosas y amorosas sin saber controlarlas; teñidas de pasión, celos y rupturas que los llevan a la hostilidad y desacato en el hogar. En ocasiones, la falta de control de sus emociones conduce a esos trastornos de conductas y/o consumo de sustancias como las drogas.

Para los padres con problemas de convivencia con un hijo adolescente, es vital desvincularlo de su historia personal y lograr comprenderlo tal y como es. No se le puede agregar una mochila cargada de ansiedad y miedo que no le pertenece, sino dejarle vivir sus propias experiencias y que aprenda por sí mismo cómo adaptarse al exterior. Hay que evitar que las expectativas depositadas sobre lo que a los padres les gustaría que su hijo fuese en un futuro recaiga sobre su lomo y perjudique su desarrollo personal.

Otro aspecto muy común que los padres tienden a realizar es comparar a su hijo adolescente con otros que sacan mejores notas o que tienen expectativas futuras diferentes. Es relevante no poner etiquetas, apoyar y respetar sus propios deseos —a pesar de no estar de acuerdo— en aras de no menguar su autoestima. Si se equivoca, él mismo tendrá que asumir las consecuencias, tomar conciencia de los errores y madurar, pero es importante que, pese a todo, sienta el amparo y confianza de que sus padres están ahí.

Efectivamente, la realidad siempre resulta más compleja que lo que se escribe en cualquier manual sobre este tipo de temas, sobre todo cuando los padres no son capaces de gestionar sus propias emociones y desconocen las herramientas para tomar el control del asunto. La adolescencia es una etapa vital donde se va a definir muchos aspectos de identidad, y a la vez complicada; pero a pesar de ello el camino más difícil es quedarse de brazos cruzados, sin hacer nada. Como padres o educadores, es importante acompañar al adolescente de forma perspicaz, comprender que necesitan despegarse del nido y echar a volar; convertirse en seres independientes, capaces de establecer sus propias metas para llegar a ser unos adultos responsable.

Anorexia: se acentúa por vivir en una sociedad donde predomina el culto al cuerpo

La anorexia es una adicción a la nada en la que no se busca llenarse, sino vaciarse. Un rechazo a la vida que se refleja en el castigo al cuerpo mediante la desnutrición. Las personas que lo sufren se encuentran en un estado de tristeza, malestar, insomnio e inestabilidad permanente. Se aíslan y esconden por considerar que la imagen física que muestran no es agradable.

Mayoritariamente afecta a adolescentes del género femenino, aunque cada vez se está volviendo más común entre el masculino. Por un lado, se esconde el miedo a convertirse en adultos. La mente genera un rechazo a la feminidad o masculinidad, sin aceptar la transformación que supone el cambio físico. Por otro lado, los falsos estereotipos fijados en la sociedad sobre la delgadez, dictan la creencia en algo ficticio.

La televisión, revistas, Internet,… representan la delgadez como símbolo del éxito y la felicidad. Fijan un canon de belleza basado en likes y seguidores que, de no cumplirse las expectativas, las personas son consideradas feas, con sobrepeso y unas fracasadas; sin embargo, es conveniente recordar que la realidad no coincide con lo que se muestra en las pantallas o revistas. Los retoques estéticos e imágenes adulteradas de modelos que representan un mundo irreal, hacen mucho daño a la autoestima de los adolescentes, que están fijando su personalidad. El vivir en una sociedad donde predomina el narcisismo y el culto al cuerpo genera una gran frustración y trastorno obsesivo compulsivo, que hace que los casos diagnosticados de anorexia sean mayores.

Es importante hacer hincapié en el riesgo que supone. No se trata simplemente de un trastorno alimenticio, sino de todo lo que conlleva, como son: la ingesta de laxantes, ayudas dietéticas para adelgazar, pérdida de densidad mineral ósea, anomalías en las constantes vitales, alteraciones menstruales, cambios en la personalidad, depresión… Un sinfín de consecuencias que pueden desencadenar en la mortalidad o en el suicido. Y es que funciona como un círculo vicioso donde la persona necesita constantemente vaciarse y quedarse limpia.

Si los padres o el colegio detectan alguna señal de alarma, lo más conveniente es ponerse en contacto cuanto antes con el pediatra o médico de familia para valorarlo. Iniciar el tratamiento correspondiente de forma precoz es importante para la superación del trastorno alimenticio. Para nada es aconsejable pensar que se trata de algo pasajero de la pubertad y que se solucionará solo. Cuanto más tarde se actúe, mayores serán las repercusiones y secuelas.

Aparte de ayudar a los adolescentes con anorexia de forma profesional con los tratamientos adecuados, es fundamental comprenderlos y no juzgarlos. Los padres, profesores y círculo más próximo, a veces, adoptan una postura poco favorecedora. Se comportan como detectives, cuestionando constantemente lo que han comido o dejado de comer. En lugar de eso, lo ideal sería crear un clima de confianza donde les permitan manifestar sus emociones y preocupaciones. Que los jóvenes puedan sentir que, más allá de ser un foco de problemas, también son valorados y se preocupan por ellos.  

Recordemos que la anorexia es un rechazo a uno mismo, y que lamentablemente el mundo virtual donde se manejan los jóvenes realza ese estado mediante el bombardeo de fotos ilusorias para inculcar un tipo de creencia. Por lo tanto, solo en el entorno más cercano, la persona que padece anorexia puede encontrar ese aliento que le devuelva la autoconfianza y las ganas de vivir.

Tomar el sol es beneficioso hasta que se convierte en una obsesión

Acabamos de iniciar el verano, lo que conlleva el aumento de la exposición solar. El sol es fundamental y beneficioso para nuestro organismo; nos aporta vitamina D —que ayuda a mantener los huesos fuertes y sanos y juega un papel importante en los sistemas inmunitario, muscular y nervioso—, pero es importante tomarlo con responsabilidad y en su justa medida, pues un exceso puede acelerar el envejecimiento de las células, manchas en la piel y provocar melanoma.

Antiguamente el bronceado era una señal de pobreza, propio de los trabajadores de la construcción, agricultores, pastores, pescadores… El tener una piel blanquecina, por el contrario, era una señal de distinción entre la aristocracia y las clases altas. Estos siempre andaban bajo sus sombreros —en el caso de los hombres—, y de sus sombrillas —en el de las mujeres—. Se resguardaban del sol para que no les atravesase ni un solo rayo y mantener sus pieles jóvenes e impecables.  

No obstante, durante la década de los años 20, la historia cambió. Tanto la famosa diseñadora Coco Chanel, como la cantante y actriz Josephine Baker, fueron las que pusieron de moda la piel bronceada dando paso a un cambio de paradigma. A partir de entonces, el boom de exponerse al sol para tostar la piel hizo que el diseñador y perfumista francés Jean Patou aprovechase la ocasión para lanzar al mercado la primera loción bronceadora.

A día de hoy, la sociedad ha mantenido impuesta la moda de la piel bronceada de manera que cada vez es mayor el número de personas con envejecimiento prematuro, manchas, arrugas e incluso cáncer de piel. Y es que no hace falta que sea verano ni exponerse directamente bajo el sol, pues hay otras alternativas artificiales de hacerlo como son las cabinas de rayos uva.

Ya todos conocemos los consejos habituales que Sanidad ofrece respecto a la exposición al sol, como son: utilizar una buena protección, protegerse la cabeza y los ojos, hidratarse mucho, evitar las horas entre las 12:00 y las 16:00 horas, evitar colonias y desodorantes, etc. Sin embargo, hay personas que, más allá de pasarse por alto las advertencias, se obsesionan con el hecho de tomar el sol. No aceptan nunca el tono de piel que consiguen y cada vez demandan más bronceado.

A este tipo de comportamiento donde las personas rechazan constantemente su tono de piel, y que no pueden vivir si no están bronceadas ni prescindir de su sesión de rayos diarios, lo suelen denominar tanorexia. Hoy día parece que a todo hay que ponerle un nombre o una etiqueta, sin embargo, es una obsesión más, al igual que una persona adicta a las drogas o al juego. La adicción al bronceado provoca también síndrome de abstinencia cuando no se puede recibir, hace que la persona con este problema se altere y entre en ansiedad, intentando buscar cualquier otro método para recibir su dosis de radiación. Su deseo obsesivo por el color de su piel pone en riesgo la salud. Este tipo de comportamiento hasta ahora solo se observaba en personas jóvenes, sin embargo cada vez es más habitual observarlo en edades más avanzadas

Es conveniente aclarar que, por el simple hecho de que una persona desee estar bronceada durante el verano o disfrutar bajo el sol más tiempo durante sus vacaciones, no significa que sea tanoréxica ni que tenga indicios de ello. La persona que realmente lo padece es capaz de sustituir otras actividades sociales por la necesidad de tomar los rayos ultravioletas.

Es fácil identificar a la persona con esta patología solo con observar su ansiedad en los días nublados, las horas expuestas bajo el sol y el estado de su piel. Esta refleja un envejecimiento cutáneo prematuro, manchas y pérdida de elasticidad, llegando a la posibilidad de un cáncer. Es difícil que la persona que sufre tanorexia sea consciente ello, pero con certeza este trastorno psicológico acompaña a otros síntomas obsesivos, pues al fin y al cabo no deja de ser un problema emocional relacionado con la autoestima e imagen que se tiene de sí mismo.

Independientemente del riesgo que supone el exceso de radiación solar para la salud, no podemos olvidarnos de los beneficios que ofrece a nuestro organismo, como aumentar los niveles de serotonina y con ello nuestro estado de ánimo. Por ello, es recomendable exponerse al sol, pero siempre de una manera responsable.