Este 7 de octubre se celebra el Día Europeo de la Depresión. En el año 2004, la Asociación Europea para la Depresión (EDA) consideró necesario fijar un día en el calendario para recordar y concienciar acerca de este tipo de enfermedad; que según las cifras estimadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo. Tras debatirlo, llegaron al acuerdo de que su celebración sería el primer jueves de octubre de cada año.

La depresión es una enfermedad sigilosa que no hace distinción de edad, sexo o posición social. Es un estado de pesimismo crónico que se instala en la mente y el cuerpo —una sustitución completa de la sonrisa por una mirada apagada y lacrimosa—; y cuyo alivio, en la mayoría de los casos, resulta casi imposible. Pero, ¿por qué la depresión se hace tan difícil de gestionar?

Cuando se padece alguna dolencia o lesión física es fácil acudir a un profesional de la salud y comunicarle dónde duele, pero cuando se tiene malestar y pesadumbre en todo el cuerpo, y los pensamientos sobrepasan los límites —cuando el cuerpo y la mente no pueden con el alma—; es difícil explicar con claridad qué ocurre. Además, aunque es una enfermedad cada vez más común y extendida, siguen existiendo bastantes estigmas entorno a ella. Una gran parte de la población cree que se puede fingir, otra la relaciona con una personalidad inestable, y otra la achaca a un carácter débil. Eso hace que no todos los que sufren depresión pidan ayuda —especialmente los hombres—, y por eso resulta tan complicada su sanación.

La depresión se presenta de muchas formas. Hay muchos tipos de trastornos depresivos que, a su vez, pueden estar asociados a otras patologías psicológicas. De la misma forma, cada persona vive la enfermedad de diferente manera y requiere un tratamiento personalizado. Una detección temprana facilita el enfoque terapéutico, por eso es importante reconocer los síntomas, tanto si es en nosotros mismos como en las personas más cercanas.

Entre los síntomas más comunes están los que se asocian con los cambios de comportamiento: de repente se pierde interés por las actividades que antes eran agradables, dificultad para llevar a cabo las responsabilidades laborales —incluso la necesidad de más tiempo para ejecutarlas—, desinterés por sociabilizar o hiperactividad. Es importante aclarar este último dato: normalmente asociamos la depresión con la falta de energía y escasa actividad, sin embargo hay personas que no pueden detenerse y necesitan mantenerse ocupadas todo el tiempo para tapar sus pensamientos.

Las personas que padecen depresión manifiestan un huracán emocional que se transforma en malhumor, falta de confianza, pesimismo, frustración, irritación, tristeza permanente, sentimientos de decepción con el entorno —por considerar que nadie las entiende—, pensamientos suicidas, etc. Pero también, los síntomas se evidencian a nivel físico: cefaleas, dolores musculares, calambres, aumento o bajada de peso, problemas intestinales, pérdida de cabello, agotamiento, problemas para dormir, dermatitis, debilitamiento del sistema inmunitario… Tal y como hemos visto, los síntomas son muy variados, sin embargo comparten muchos ejes en común que el profesional debe analizar. Tiene que ser capaz de ver más allá para intuir que detrás de todos esos malestares físicos se encuentra un problema de depresión.

En definitiva, este tipo de enfermedad es como una rueda llena de pesimismo y falta de energía que gira constantemente hasta agotarse. Aunque resulte difícil, es necesario cambiar el enfoque e ir más allá. En lugar de centrarse en todo lo que la enfermedad genera, consiste más bien en analizar las cosas que se están perdiendo por estar en esa situación. Concienciarse de que solo es un estado pasajero que se puede gestionar poco a poco hasta tener pleno dominio sobre él y dejarlo atrás. Se trata de ser valiente y pedir ayuda antes de que el pesimismo se apodere de cada célula del cuerpo y no queden más ganas de vivir, pero sobre todo comprometerse con uno mismo y enfocarse en que al final de tanta oscuridad existe una luz que merece la pena descubrir.