Durante mucho tiempo se sostuvo la teoría de que la mayoría de las neuronas que componen nuestro cerebro se crean en la infancia y no se reproducen, sino que van muriendo poco a poco. Sin embargo, esto no es del todo verdadero. A través de ciertas investigaciones científicas llevadas a cabo en las últimas décadas, se han encontrado evidencias que aseguran que las neuronas se regeneran, que existen ciertas zonas en nuestro cerebro donde sus células se reproducen.

Hablamos de la neurogénesis, también conocida como el nacimiento de nuevas células cerebrales: un proceso de reproducción de nuevas neuronas que continúa aún después de completarse los organismos. Este descubrimiento no fue confirmado hasta hace poco. En el año 1965, Altman y Das demostraron este fenómeno en roedores, sin embargo no fue hasta 1998 cuando el equipo de investigación de Peter S. Eriksson lo demostró con humanos. Además, investigaciones posteriores confirmaron la regeneración de nuevas células durante la etapa adulta.

El fenómeno de la neurogénesis tiene lugar en la parte inferior de los ventrículos laterales y en el hipocampo —primordial para la memoria, aprendizaje, orientación espacial y regulación de las emociones—. Algunos mamíferos, además de regenerar las neuronas del hipocampo, también lo hacen en el bulbo olfatorio —muy importante en la participación de la memoria olfativa y la limitación del miedo a través del olfato—. No obstante, existe un vínculo entre la neurogénesis adulta y la ejecución de tareas donde se emplea el aprendizaje y la memoria. Es decir, para crear nuevas células durante toda nuestra vida, es importante realizar actividades que estimulen el cerebro, por ejemplo:

Leer aumenta la actividad cerebral de la región encargada de controlar el movimiento y las sensaciones físicas. El hecho de leer novelas transporta al lector a desarrollar su imaginación. Al adentrarse en las vivencias de sus protagonistas, hace que obtenga la habilidad de cambiar a otros estados mentales. Este hecho favorece la neurogénesis.

Aprender a tocar un instrumento musical mejora la rapidez mental y la capacidad de aprendizaje, ya que combina la coordinación auditiva, táctil y sensorial. Hay estudios que demuestran que las personas que tocan un instrumento consiguen mayor agudeza visual espacial. Los tonos musicales activan el sistema nervioso y se crean algunas conexiones neuronales en el cerebro que compensan las pérdidas cognitivas ocasionadas por la vejez.

• El ejercicio físico como caminar, correr, bailar, nadar, pedalear… incentiva la generación de nuevas células y mejora la capacidad de aprendizaje, memoria y concentración. Hacer deporte es bueno para mejorar el riego sanguíneo y optimiza el trasporte de nutrientes y oxígeno a las células del cerebro. Esto hace que favorezca su neurogénesis.

Practicar meditación como el yoga, tai-chi o mindfulness estimula la actividad neuronal y promueve funciones de la memoria para la toma de decisiones y su ejecución. Existen estudios que demuestran que, tras varios meses de meditación, los circuitos neuronales se modifican y aumenta la materia gris en ciertas áreas del cerebro destinadas a la memoria y gestión emocional. Las personas que meditan tienen más volumen de neuronas en el hipocampo y en áreas como el tálamo y la corteza orbitofrontal —vinculadas con el control de las emociones—.

Entre estos ejemplos, se podría añadir el aprender un nuevo idioma, desarrollar la creatividad de infinitas maneras como son la pintura, la escritura, las manualidades, etc. Existen muchas formas de mantener la mente en actividad para fomentar la regeneración de las neuronas y evitar el deterioro cognitivo natural que se produce con el paso de los años.

Realmente lo que destruye a las neuronas es la inactividad además del alcohol, el tabaco, el sedentarismo, el insomnio, una mala alimentación o el estrés. Cuando estamos estresados de forma prolongada en el tiempo, el hipotálamo segrega hormonas que facilitan la descarga de cortisol. De no controlarlo, este acabará por afectar a las neuronas del hipocampo e impedirá la renovación de sus células. Una buena alimentación y rutina saludable reducen el estrés y facilitan la regeneración dentro del hipocampo. Por lo tanto, más allá de factores congénitos, el conservar un cerebro sano y joven en la edad adulta depende de nuestro empeño y perseverancia para entrenarlo y mantenerlo audaz.