Este 26 de julio se cumplen 146 años del nacimiento del médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung, una figura clave en los inicios del psicoanálisis y fundador de la escuela de psicología analítica.

Carl Gustav Jung nació en Kessewil, una pequeña localidad de Suiza. Su padre abandonó su carrera de filólogo en lenguas semánticas para ejercer como clérigo en una iglesia suiza, sin embargo Carl continuó con el legado de su padre en relación a las lenguas. Con seis años ya sabía latín y posteriormente aprendió otras como el sánscrito. Respecto a su madre, fue internada en un sanatorio mental cuando tenía tres años y pasó al cuidado de su tía.

En la etapa de su adolescencia, la inteligencia de Carl era envidiada por sus compañeros del colegio. No soportaba la tensión causada por estos y utilizaba la enfermedad —simulaba continuos desmayos— como excusa para no asistir a la escuela. En la Universidad, se matriculó en medicina, a pesar de haber tenido sus dudas con arqueología. Allí conoció al famoso neurólogo Kraft Ebing, quien le influenció para que se especializara en psiquiatría.

Carl Gustav Jung (1935)

Al finalizar su licenciatura, se incorporó a trabajar en un hospital mental de Zurich, hasta que años más tarde conoció en Viena a Sigmund Freud, uno de sus grandes admiradores. El encuentro fue algo mágico, tanto que su conversación duró 13 horas sin parar. Se juntaron dos mentes privilegiadas que dejarían una gran huella en la historia. A partir de entonces, Jung se dedicó a la exploración de la mente basándose, por un lado, en la teoría freudiana y por otro en sus amplios conocimientos en filosofía, religión y mitología.

La diferencia entre la teoría del inconsciente de Freud y la de Jung es que el primero basó su teoría en las memorias reprimidas del inconsciente, creía que si salían a flote podían causar una crisis emocional, siendo algo peligroso para la estabilidad de la persona. Estableció una división del aparato psíquico en consciente, preconsciente e inconsciente. Jung, sin embargo, estaba convencido de que en la mente inconsciente era donde se encontraba la verdadera creatividad y potencial de la persona. Su teoría la basaba en la división del inconsciente personal y el colectivo. Carl Gustav Jung no compartía la teoría de Freud en su totalidad y tuvieron sus discrepancias, es por ello que este le propuso abandonar sus relaciones personales definitivamente en el año 1913.

Jung quedó destrozado y comenzó un período de oscuridad, pero que a su vez se convirtió en su renacimiento dentro del mundo de la psiquiatría. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, los sueños tuvieron una especial relevancia en su vida. Anotó cada una de sus fantasías e intuiciones y halló experiencias que poco a poco fueron teniendo sentido. Jung se cuestionó la posible conexión entre él como individuo y la humanidad en general. Se adentró en un proceso doloroso de auto-indagación que formaría los cimientos de su futura teoría sobre el inconsciente colectivo y los 12 arquetipos: el inocente, el huérfano, el guerrero, el bienhechor, el buscador, el amante, el destructor, el creador, el gobernante, el mago, el sabio y el bufón.

Los arquetipos de Jung, además de ser de mucha utilidad a la hora de analizar películas, cuentos, leyendas, publicidad… forman parte del inconsciente colectivo y ayudan a aclarar las razones de la personalidad una vez que se alcanza la madurez. Se trata de la parte escondida de la mente que acaba por definir el arquetipo actual que se está atravesando en cada momento, pues una persona no se compone solamente de un arquetipo, a lo largo de su vida va rotando por unos u otros. Gracias a ellos se puede reconocer y descubrir en el que mejor encaja, además de adquirir las habilidades básicas para vivir en sociedad.

Otra de las teorías de Jung es la de que cada uno de nosotros nace con el anima y animus dentro de sí mismo, es decir cada hombre tiene su parte femenina y cada mujer su masculina. No percibía los géneros como algo separado. El anima es la parte femenina del alma del hombre, distinta y necesaria a su vez; ya que la mujer puede ser la inspiración del hombre al tener una capacidad de intuición superior y un instinto enfocado a lo personal. No existe ningún hombre que no tenga su parte femenina inconsciente, ni siquiera los más masculinos. Dentro de ellos guardan una vida afectiva muy femenina que influye en su relación amorosa de manera que les guía a elegir una mujer igual a la proyección de su alma.

Mientras que el anima de un hombre funciona como su alma, el animus de la mujer se asemeja más a una mente inconsciente basada en ideas fijas y opiniones colectivas, funciona como un mediador entre lo consciente e inconsciente. Su  aspecto positivo es que le permite expresar esas opiniones y tomar acción sobre ellas. Por lo tanto, no existe la separación entre lo masculino y lo femenino, el objetivo es lograr el self —la trascendencia de todos los opuestos—, ya que somos ambas partes y nuestra personalidad se expresa de forma equitativa.

Por último, otro de los conceptos de su teoría es la creencia de que los seres humanos tenemos una sombra. Sin embargo no lo consideraba como algo negativo, sino como algo que formaba parte del inconsciente y que representaba la parte opuesta de la personalidad del individuo, que de reprimirse podría manifestarse de forma impredecible. En la sombra residen nuestros miedos, traumas del pasado, decepciones, sueños no realizados, culpabilidades… Todo aquello que se convierte en un tigre hambriento que rumia dentro de nuestra personalidad, y que de esconderse o reprimirse, puede llegar a aumentar su ferocidad y hacer que las consecuencias sean irremediables. Todos hemos escuchado casos en los que alguien tras sufrir acoso y reprimir su rabia durante mucho tiempo, acaba cogiendo un arma y disparando a su/s agresor/es, o por el contrario a sí mismo. Por lo tanto, no podemos olvidar que nuestro crecimiento personal y nuestro bienestar psicológico dependerán de nuestra capacidad para sacar a la luz esas sombras. Un gran acto de valentía que, tras un duro trabajo, se llega a la sanar y a un estado de paz y bienestar total.

Desafortunadamente, las teorías de Carl Gustav Jung no son muy estudiadas dentro del mundo de la psicología debido a que están basadas, gran parte, en mitología y son vistas como teorías filosóficas. Sin embargo, esto es cuestionable cuando científicos ya han confirmado la existencia de una memoria colectiva que sincroniza los recuerdos personales a los de un determinado grupo social; que existe una relación nítida entre la memoria colectiva y los mecanismos cerebrales que conforman la memoria individual. Por lo tanto, la idea de Jung sobre la sincronicidad del inconsciente colectivo donde se afloja la rigidez del espacio y del tiempo no parece tan descabellada como entonces. Cada vez se va encontrando más sentido a la conclusión de sus teorías, y confirmando la gran huella que dejó dentro de la humanidad.