Depresión o trastorno bipolar, sus síntomas empeoran con la llegada de la primavera

Existe una creencia popular que señala el invierno como una de las épocas más tristes del año, sin embargo se ha demostrado que el periodo donde se busca más ayuda de profesionales de la salud mental coincide con la primavera. Es durante esta estación que se registra el mayor número de suicidios.

Se hace difícil creer que el comienzo del buen tiempo provoque tal efecto, pues generalmente la mayoría de las personas se sienten más contentas, positivas e incluso con más energía de lo habitual al dejar atrás los días fríos, cortos, tristes, y oscuros del invierno. Sin embargo, no en todos tiene el mismo impacto positivo. Hay personas que padecen la llamada astenia primaveral.

La astenia primaveral no se considera un trastorno como tal, pero sí afecta a la forma en la que afrontamos nuestro día a día. Podríamos definirlo como un cuadro de sintomatología relacionada con la fatiga permanente. Una sensación de cansancio durante todo el día que afecta tanto a nivel físico como psicológico, pues deriva a signos de tristeza, falta de motivación, dificultad para concentrarse, dolor de cabeza, trastornos del sueño, falta de apetito, ansiedad, irritabilidad…

Este déficit de energía tiene mucho que ver con el cambio de hora.  Es una de las épocas, coincidiendo con el otoño, en la que más rápidamente cambia la exposición a la luz, la temperatura y nuestra rutina. Dentro de nuestro organismo tienen lugar una serie de modificaciones que provocan la secreción de algunas hormonas como las endorfinas, cortisol o melatonina, siendo la función principal de esta última la de regular los ciclos del sueño y vigilia, de ahí que se provoque una alteración biológica donde nuestro organismo debe adaptarse al cambio.

Es conveniente aclarar que la astenia primaveral es eventual, con una duración aproximadamente de una a dos semanas en lo que el cuerpo se ajusta al nuevo horario. No debemos darle más importancia de la que tiene o crear enfermedades inexistentes. Si somos conscientes de que es algo pasajero será mucho más fácil de llevar.

Este trastorno afectivo estacional se presenta aproximadamente a seis de cada cien personas, siendo más común en adultos que en niños, y con mayor índice en mujeres que en hombres. Los investigadores añaden que, a parte del aumento de la intensidad y duración de la luz solar, la liberación de sustancias químicas por la reacción inflamatoria de las personas con alergia al polen, es otra de las principales causas. Quien es alérgico durante esta época o tiene a alguien en su entorno que lo sea, sabe que este padecimiento dificulta el hacer ciertas tareas que en otros meses del año no ocurre, esto genera un gran estrés.

Si bien, recordemos que esta fatiga es eventual y por lo tanto debemos mantenernos los más positivos posibles. No es algo que aparezca siempre en todas las personas, y tampoco la misma persona tiene por qué padecerlo todos los años. A pesar de ser algo pasajero es conveniente tomar una serie de medidas para hacerlo más llevadero y prevenirlo en el futuro, como son el cuidar nuestra dieta, hidratarse, realizar ejercicio físico, establecer horarios, descansar correctamente, disfrutar de ocio, desconectar, etc.

Sin embargo, debemos observar si los síntomas persisten en el tiempo y duran más de lo mencionado anteriormente, pues si esto ocurriese podríamos estar hablando de otro tipo de patologías. Es estos casos, un profesional de la salud mental podría sacarnos de dudas al respecto y descartar otras causas más relevantes.

Desafortunadamente, para las personas diagnosticadas de depresión o trastorno bipolar suele ser una época peligrosa. Al agravarse sus síntomas, con la astenia primaveral colectiva, tienen más tendencia al suicidio. Por ello, es fundamental que pidan ayuda profesional, que mantengan su mente distraída en cosas positivas que les aporten bienestar, pero sobre todo, evitar la soledad durante esta estación. El acompañamiento de una persona con quien compartir sus actividades, es fundamental para mantener el equilibrio emocional y no llegar a cometer una locura totalmente irreversible.