Nunca dejes las cosas a medias

¿Demasiado trabajo? La productividad siempre se basa en una buena combinación de planificación, disciplina y dedicación.

A veces tenemos demasiadas cosas que hacer, deseamos abarcar tanto que llega un punto que tiramos la toalla desistiendo y dejando de cumplir nuestras metas. Dejar las cosas sin terminar va más allá de un simple descuido o de una ligereza sin importancia. Desde el punto de vista de la psicología, esto constituye un síntoma que no se debe pasar por alto. Sobre todo, en los casos en los que no se trata de algo ocasional, sino sistemático.

Cuando dejamos nuestros proyectos a medias se va acumulando angustia. Perdemos la motivación, especialmente la intrínseca que es la que más satisfacción produce. Cada tarea sin finalizar es un ciclo que queda abierto, tanto es así, que sigue gravitando sobre tu vida, aunque no te des cuenta de ello. Lo que viene siendo la sensación de sentir el peso emocional del desorden de manera inconsciente.

Nunca dejes las cosas a medias


Las razones para dejar las cosas sin terminar pueden ser varias. A veces influyen circunstancias externas, pero en la mayoría de los casos tiene que ver con nosotros mismos. No concluimos porque hay algo que se interpone, alguna realidad que estamos eludiendo.


Tales razones para dejar las cosas sin terminar pueden ser:

Baja autoestima. Cuando no hay suficiente amor propio, se piensa que lo que se hace tiene poco valor.

El sentimiento de fracaso. Se da por hecho que ya está todo perdido y que las tareas no merecen ningún esfuerzo.

La falta de merecimiento o sentimiento de inutilidad. Existe un temor el resultado evitando enfrentarse a las propias limitaciones ya sean reales o imaginarias.

Sobrecarga. Este hecho se da cuando el número de compromisos es mayor al tiempo, por lo que se dejan las cosas a medias.

Distracción. Hay veces que otros aspectos o actividades absorben en gran medida la atención, el interés o la energía mental.

Las consecuencias de dejar las cosas sin terminar nos puede generar una sensación de estancamiento, aparición de estrés, afectar nuestra productividad, dispersar la atención sobre otras áreas o impedir la iniciación en nuevos proyectos.

Os voy a dejar algunas recomendaciones para organizar bien el trabajo, sobre todo cuando es excesivo.

-Compra una agenda donde anotar las actividades por horarios. Anota el tiempo que vas a dedicar a cada actividad y cúmplelo. Nos distraemos fácilmente con otras tareas, llamadas o emails, entre otros, pero es importante cumplir la agenda y dedicar el tiempo programado, sino no acabaremos nunca ninguna actividad.


Prioriza las tareas más importantes. Define las 2 o 3 tareas más prioritarias de cada día e intenta cumplirlas. Incluso, para una mejor organización, podrías realizar tu planificación de manera semanal o mensual, eligiendo un día en el que realizar esa planificación.

-Crea un listado de tareas pendientes y termina la jornada con una revisión. Utiliza unos minutos para pensar las tareas cumplidas durante el día y organiza la agenda para el día siguiente, así podrás concentrarte directamente en tus objetivos cuando empieces la siguiente jornada.

No pospongas tareas. Es muy fácil posponer aquellas tareas más tediosas o aburridas, pero no es recomendable, pues al final las tareas se acumularán y estarás más estresado por no haberlas realizado a tiempo.            

En el siguiente vídeo os muestro un ejemplo muy divertido sobre cómo planificarse en los estudios.