El baile como recurso de liberación emocional

Las personas han ejercido el baile desde el inicio de los tiempos. Invocaban la lluvia, los dioses, lo utilizaban como ritual de nacimientos, bodas, defunciones, ceremonias de fecundidad, caza, guerra, etc. Hoy os voy a hablar de cómo bailar puede ayudarnos como un recurso para la liberación emocional. Y es que, el movernos cuando escuchamos música es un deseo primitivo, pues incluso los bebés pueden manifestar y seguir el ritmo mucho antes que caminar o hablar. No olvidemos que un bebé es acompasado por el ritmo del corazón de su madre durante toda su gestación.

Cuando escuchamos música, en el cerebro se activan circuitos neuronales motores y sensoriales. Al bailar, las distintas áreas cerebrales, sobre todo el sistema nervioso central aprende a interactuar y coordinar el movimiento. A nivel químico, cuando se baila se produce endorfinas, las cuales funcionan como analgésicos reduciendo el dolor del cuerpo y dopamina, la cual incrementa el buen humor y la sensación de felicidad. No digamos si el acto de bailar se realiza en grupo, entonces se produce oxitocina que es la hormona que propicia la confianza y el vínculo con otras personas. A mí me gusta emplear la palabra «empatía»..

Bailar no solo es bueno a nivel físico, si no a nivel neuronal, pues requiere una coordinación mental compleja como es la percepción auditiva, visual, equilibrio, memoria, coordinación motriz, sincronización, comunicación… Por tanto, dicha actividad ayuda a crear nuevas conexiones entre las neuronas y mejora la capacidad de concentración, planeación y memoria.

Pero, ¿de qué manera el movimiento libera emociones reprimidas?

Cuando guardamos emociones, bien sea por no saber gestionarlas, por no ser bien aceptadas socialmente o cualquier otra situación, como suele ser el enojo, ira, ansiedad o angustia; a través del movimiento dichas emociones se despiertan y liberan de una manera saludable. Además bailar como cualquier otro deporte, te permite distraer la mente de preocupaciones y pensamientos, reduce el estrés y aumenta la alegría y autoestima, ayuda a canalizar la adrenalina, te fortalece físicamente mejorando la capacidad cardiopulmonar, músculos y esqueleto. También es una forma de diversión, te permite tener el control completo de tu mente, despierta emociones y fantasías que ayudan a expresar tu creatividad y te ayuda a arraigarte, es decir, estar en contacto con la realidad. Estar presente aquí y ahora.

El baile como recurso de liberación emocional

Por todo lo expuesto, no veo ningún efecto negativo o contradictorio para bailar, si no todo lo contrario. Bueno siempre que no se hagan locuras físicas sin previo calentamiento y nos lleve a una lesión, claro está. Os voy a contar mi experiencia particular. Hace unos años me dediqué a bailar profesionalmente. Entre clases y ensayos empleaba ocho horas diarias, toda una jornada laboral. Acababa muy fatigada, por supuesto, mas una profesión no tiene nada que ver con un hobby. Eso es algo totalmente distinto, sin embargo, bien es cierto que cuando te apasiona tu trabajo no se considera trabajo. Antes, debido a mi timidez, me costaba mucho expresar mis emociones y, bailar me ayudaba mucho a expresarme. Recuerdo que subía al escenario y no solo dejaba allí dos o tres kilos menos cada actuación, si no también dejaba mi rabia, lloraba si hacía falta, descargaba la ansiedad, miedos y por supuesto, manifestaba alegría. Allí dejaba todas las emociones reprimidas y cuando bajaba del escenario era otra persona totalmente renovada. Estaba más tranquila, generosa, optimista… Tenía otra visión de las cosas.

Bailar es todo un arte y además, una terapia. Es capaz de hacerte más saludable, liberarte emocionalmente, cautivarte y seducirte con sus movimientos, dar rienda suelta a tu creatividad, divertirte hasta el extremo, arrastrarte hasta la locura y transportarte a la felicidad, y entonces…, ¿por qué no bailamos?